El enigma

MIQUEL NADAL

Es fácil de resolver mucho antes de llegar al final de la columna, como en las adivinanzas. Hay muchas pistas para averiguar el qué cosita es aun no diciendo porque letra empieza. Lo cierto es que acabó ganando a los viajes en la Unión de Benissa y al tren de cercanías antes de sacarnos el carnet de conducir. El primer Opel Kadett, el BMW y dos VOLVOS. Venció los primeros trayectos por la Nazaret-Oliva, cuando salíamos por Cullera para atajar las travesías de Silla, Sollana o Sueca. Eternos debates domésticos sobre la mejor hora para la ida o la vuelta. Complejas disquisiciones escuchando boletines de noticias en la radio sobre operaciones salida y retorno, escrutando el calendario laboral madrileño. Coches semejantes a hornos que no tenían aire acondicionado y maleteros pijos. Cajas de naranjas de Le Gamin y caldo en bolsas de congelados. Fue testigo de noviazgo, matrimonio y el nacimiento de nuestros hijos, la etapa de alquiler, dos hipotecas, cambios laborales, congelación salarial. La oposición, once trienios. La preautonomía, seis presidentes, dos Estatutos. Decenas de debates y pronunciamientos públicos. Todo el recorrido escolar acelerando en los viajes del domingo para llegar a casa y hacer los deberes. Las etapas de las cintas de casete, el compact-disc y el Spotify. Trayectos inacabables con biberones y música infantil, la lista de los 40 principales, el rap adolescente o la música chill. Varias averías, pinchazos, y hasta un accidente de siniestro total. El mundo en que los padres eran todavía eternos, y el mundo en que los padres comenzaron a morir. El Valencia C.F. vegetando por la mitad de la tabla, dos ligas, el doblete, dos finales de Champions, el 75 aniversario y ahora el Centenario. El pasado lejano de las paradas para localizar una cabina telefónica y avisar de los retrasos. Trofeos Naranja y partidos de presentación. Carruseles radiofónicos. Minuto y resultado de José María García, Paco Lloret, narraciones de partidos de Rovira, goles celebrados en atascos monumentales en Favara. El mundo sin Internet cuando fumábamos en el coche. La Oliva de los primeros años de Moros y Cristianos. Coches de gasolina y gasoil, con marchas y automáticos. La infame Vía T. Transitamos por ella con pase de general de pie, numerada y anfiteatro. Vírgenes en el mundo del ISBN y con libros publicados. Nunca tuvo con nosotros un gesto de cariño por esa fidelidad, aunque fuera forzada. Atravesó nuestra vida como una cremallera que unía el espacio de separación con los amigos entre los que vivían en Oliva, y los que tenían que volver a la capital. Desde la carretera de Les Marines, huyendo de la entrada de Oliva caíamos una y otra vez y la cogíamos en Ondara. Ha contemplado nuestro entusiasmo acelerado, y nuestra nostalgia, que es derrota. Todo se saldará con otro gesto. Uno pensará que ya es tarde, y sentenciará que la vida es eso que se nos ha escurrido entre las manos mientras pagábamos los peajes de la AP-7.

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