¡Enhorabuena, Navajas!

¡Enhorabuena, Navajas!
j.plasencia

PEDRO PARICIO AUCEJO

Desde que, en la segunda década del siglo XX, la bella localidad castellonense de Navajas lograra la ampliación de su término municipal -pasando de casi medio kilómetro cuadrado de extensión a cerca de ocho, que mantiene en la actualidad-, quizá ningún otro acontecimiento colectivo ha suscitado en los tiempos recientes una alegría tan desbordante como la vivida el pasado mes de noviembre, con ocasión de la candidatura de su emblemático Olmo para el Premio Árbol Nacional del Año. Aunque el calibre de dicho júbilo es incomparable -en el primer caso, lo que estaba en juego era la necesidad de un territorio que permitiera la digna supervivencia de la población-, las energías desplegadas para su consecución y las esperanzas fraguadas unánimemente no le han ido a la zaga.

En este último asunto, la actividad que desencadenó los posteriores acontecimientos estuvo promovida por el grupo de voluntarios de la Biblioteca Municipal que, con el apoyo del Ayuntamiento, pretendía inicialmente presentar el Olmo a este concurso para promocionar el respeto de la población al medio ambiente por medio del cuidado y atención que, dada su avanzada longevidad, requiere este centenario árbol. Se trata de un ejemplar de diecinueve metros de altura que, ubicado en la plaza a la que da nombre -centro geográfico y vital del municipio-, fue plantado en 1636 y constituye una de sus más preciadas joyas patrimoniales. Es su símbolo más representativo. Pero también es un singular agente autóctono de socialización que, con su patriarcal presencia, ha configurado a lo largo de los siglos el sentimiento de orgullosa pertenencia a Navajas en sus hijos y vecinos.

Sin embargo, aquella primigenia pretensión de sus promotores fue desbordada por las circunstancias a partir del momento en que comenzó la preparación del evento. Hay que tener en cuenta que para la presente edición de esta prueba en su fase nacional fueron seleccionados diez ejemplares, cuyo ganador había de ser el representante español en el certamen Árbol Europeo del Año, convocado por 'Bosques sin fronteras'. Para su edición de 2019, esta organización buscaba árboles monumentales que fueran relevantes por su historia e integración en la comunidad humana de pertenencia, de modo que la selección de ejemplares se llevaría a cabo según las especiales relaciones afectivas mantenidas con ellos por parte de las personas que viven en su entorno.

A lo largo de noviembre, las actividades promovidas para impulsar la candidatura nacional de su Olmo han sido incesantes en este pueblo de apenas 750 habitantes. Agrupaciones ciudadanas (musicales, deportivas, artísticas, gremiales, recreativas...), comercios, empresas, ayuntamiento, vecinos y simpatizantes de Navajas, en conjunción con otras corporaciones municipales -principalmente de la comarca del Alto Palancia- y entidades de implantación provincial se involucraron en el apoyo de esta causa mediante la búsqueda de adhesiones individuales y colectivas de ciudades españolas y extranjeras, caravanas a pueblos de la comarca y centros neurálgicos de Valencia y Castellón, edición de folletos y pancartas, difusión en redes sociales, grabación de un vídeo con participación de todo el pueblo, conciertos, actividades escolares, juegos tradicionales y actuales, concentración de festeras, concurso de peñas y otras actividades diversas organizadas por las entidades asociativas de la población, que tuvieron su colofón en una masiva comida de hermandad.

La recompensa a semejante despliegue de esfuerzo colectivo no se hizo esperar: llegó con la proclamación del resultado del certamen por parte de 'Bosques sin fronteras' el día 26 de noviembre, que declaró ganador al Olmo con 95.130 votos, siendo sus competidores próximos más importantes la palmera imperial de Elche con 77.182 y el almendro real de Valverde de Leganés con 29.543, ambos pertenecientes a municipios con una población muy superior a la del ganador.

Pero este torbellino de movilización popular no fue casual. En los años en que frecuenté la vida cotidiana de Navajas pude percatarme de la acendrada iniciativa social de su ciudadanía. Una activa participación en las distintas vertientes de los asuntos colectivos ha caracterizado en las últimas décadas a varias generaciones de nativos y residentes que, unidos por su incontestable afecto a este pueblo, han enaltecido sus ya agraciados tesoros naturales con el ejercicio habitual de una consolidada cultura cívica.

Unos y otros tienen la clara percepción de que el éxito de una comunidad -¡todos vamos en el mismo barco!- depende del grado de responsabilidad no solo de sus dirigentes sino también de sus dirigidos. Por estar anclada esta en el tuétano de la condición humana, a nadie se excluye de ella, de modo que la responsabilidad histórica compete a la totalidad de la sociedad. Puesto que nada se transforma ni se conserva en la vida pública si no cambia o se reafirma también el carácter de sus integrantes, es necesaria una ciudadanía que, canalizando su natural sociabilidad, se involucre cotidianamente en las distintas dimensiones de la realidad social.

El triunfo del Olmo es el inevitable resultado de esta actitud. Frente al comportamiento decididamente disgregador, indiferente o pasivo de otras colectividades, no me cabe sino dar mi enhorabuena a todos los participantes en esta admirable iniciativa social y animarles a afrontar el apasionante reto europeo. ¡Ahora es el momento!

 

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