Encantamiento colectivo

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

Como si se tratara del flautista de la Moncloa, el presidente Sánchez ha provocado un mágico encantamiento en el conjunto de la opinión publicada española. En lugar de esperar a que el Rey conociera los nombres, su estrategia de goteo informativo ha surtido efecto y ha calado la idea de que estamos ante un gobierno sorprendente, equilibrado, bonito y nos atreveríamos a decir que hasta 'encantador'. Esta opinión se ha fraguado por una planificada estrategia mediática donde cada una de las galácticas figuras tiene que ser evaluada en el conjunto del entrenador socialista.

Durante estos primeros días, los ciudadanos no sólo han percibido una música agradable a sus oídos, sino que ya no tienen memoria para el runruneo del anterior gobierno. La nueva melodía es tan seductora que está alterando los circuitos neuronales que controlan los procesos de la memoria. En poco tiempo, hemos pasado de las marchas lúgubres, funerarias y sobrias del gabinete Rajoy a exaltación de la primavera, el BOE de la abundancia y la ebriedad presupuestaria. En pocas semanas, nuestros circuitos neuronales almacenarán al gobierno de Rajoy en esa parte del cerebro donde guardamos la lista de los Reyes Godos, los ríos de la Península o las coplas de Jorge Manrique.

Con la nueva melodía se ha producido un encantamiento colectivo que no solo ha conseguido reanimar a militantes y simpatizantes socialistas. Ha reanimado a militantes y simpatizantes indecisos que no sólo estaban desencantados de los otros partidos políticos, sino del conjunto del espectáculo político. Las nuevas escalas y ritmos han conseguido que la agenda política vuelva a ser interesante, atractiva y seductora. Y todo ello se ha conseguido sin hacer ningún congreso, sin discutir ninguna ponencia, sin preparar ningún papel y sin ubicar al candidato en alguna de las familias socialdemócratas europeas. Ha llegado la nueva política en estado puro: sin programas, sin agendas, sin hipotecas orgánicas, todo es fruto de la nueva ciencia política que consiste en aprender a gestionar significantes vacíos.

En contra de los teóricos de la política tradicional que practican una modernización que aplica el desencantamiento de Weber, la neuropolítica aterriza en este nuevo gabinete entronizando la seducción, la magia, la pirotécnica y el encantamiento. Como ya vieran los asesores de Macron, sin seducción y encantamiento no se gobierna. Además de cambiar por completo el panorama administrativo, cambia por completo la agenda política de los viejos actores. Los sobrios y aburridos abogados del estado tendrán que dar un paso atrás para que entren en escena los ilusionistas y los magos. Para evitar su sacrificio y aniquilación, algunos actores descolocados por este flautista deberían leer la ejemplarizante historia de los músicos de Bremen, al menos para espantar a los bandidos.

 

Fotos

Vídeos