UNOS EMMY SIN ROSTRO

IKER CORTÉS

Ahhh, las galas de premios, esos espectáculos llenos de pompa, glamour y sopor... Está claro que no pasan por su mejor momento. Si este año los Oscar optaban por eliminar la figura del maestro de ceremonias -ABC Entertainment tomaba la decisión tras la renuncia de Kevin Hart, después de que las redes sociales recordaran algunos de los chistes homófobos que hizo al principio de su carrera-, ahora son los Emmy, los galardones que cada año premian la excelencia en la industria de la televisión estadounidense, los que han dejado caer que en la 71 edición no habrá presentador. ¿La razón? El director ejecutivo de Fox Entertainment, Charlie Collier, apunta a cuestiones de tiempo. Vaya, ahora va a resultar que son precisamente los dinamizadores de las galas los que las ralentizan.

En opinión de Collier, la decisión permitirá que la ceremonia dedique más tiempo a la gran cantidad de series que se despiden este año, incluida 'Juego de Tronos', que opta a 32 premios, todo un récord. «Tener un presentador y un número de apertura representa de 15 a 20 minutos que no se pueden emplear en homenajear a las series», explicó en un encuentro con periodistas especializados. Así que, si no he entendido mal, el previsible espectáculo musical y el monólogo inicial serán sustituidos por una serie de emotivos vídeos.

Vaya por delante que, ejecutados con gracia, los números músicales son a menudo uno de los momentos álgidos de las galas -quién no recuerda el que se marcó Hugh Jackman cuando presentó la ceremonia de los Oscar en 2009-. Y no seré yo quien defienda este tipo de galas. Entiendo el morbo que da hacer las quinielas de los galardones, ver los resultados, la gracia de algunos de los 'sketches' e incluso asistir atónito a algunos de los modelitos que se pasean por la alfombra roja. Pero todos los años me sorprende ver comentarios del tipo: «Este año ha sido un coñazo». A ver, una entrega de premios es por definición algo aburrido porque no es más que una relación de categorías y nombres, que conlleva unos discursos a menudo plomizos y una ristra de agradecimientos. Si encima nos quitan al presentador, apaga y vámonos.