El Rey emérito ¿Juan Carlos el breve?

El autor defiende el papel histórico de modernización de la monarquía española que llevó a cabo Juan Carlos I

ALFONSO PASCUAL DE MIGUELNOTARIO

La reciente operación de corazón del Rey Juan Carlos I es un buen motivo para recordar y valorar su extraordinaria aportación en la transición política española, pilotando con gran habilidad e inteligencia el tránsito desde un régimen dictatorial a un estado democrático.

En contra de lo que pensaba un sector importante de la generación de políticos que negociaron y aprobaron nuestra actual Constitución de 1978, que calificaban al Rey como «Juan Carlos el breve», como reconoció Santiago Carrillo en declaraciones a la periodista italiana Oriana Fallaci «el Rey Juan Carlos nos sorprendió a todos, pues no tenía ninguna intención de ser el breve» sino de pilotar con extraordinaria habilidad y coraje la transición política en España.

Juan Carlos I en ningún momento concibió su reinado como una monarquía provisional, con la misión de ser continuadora del franquismo durante un breve periodo de tiempo y dar transito a una España constitucional sustentada en una república. Por el contrario, y asumiendo muchos riesgos, Don Juan Carlos quebró la legitimidad dinástica de la antigua monarquía española, instaurando una auténtica y nueva monarquía liberal y parlamentaria.

Con el Rey Juan Carlos I, la monarquía se democratizó extraordinariamente. Se produjo una apertura constante e indiscriminada hacia la sociedad, a sus instituciones y a sus ciudadanos en general. El Palacio de la Zarzuela se convirtió en un lugar de recepción y de visitas constantes a las que el Rey Juan Carlos atendía y escuchaba siempre con el máximo interés y con disposición a prestar consejo si ello lo creía conveniente, preguntando y recabando información adicional sobre los temas planteados por los visitantes.

Fue el Rey Juan Carlos I quien se empecinó por el bien de España y de nuestras futuras instituciones democráticas, en nombrar Presidente del Gobierno a Adolfo Suárez, en contra de la voluntad de Torcuato Fernández Miranda, quien deseaba que dicho cargo lo asumiera José María de Areilza. El Rey Juan Carlos y Adolfo Suárez se conocieron siendo el Rey todavía Príncipe y siendo Adolfo Suarez Gobernador Civil de Segovia. Se estableció entre ellos una estrecha amistad y un mutuo reconocimiento que derivó en la petición expresa del ya entonces Rey de España, que en la terna presentada por el Consejo del Reino para presidir el Gobierno de la nación se incluyera a Adolfo Suárez, lo que permitió al Rey Juan Carlos la designación de Adolfo Suárez para presidir el Gobierno encargado de elaborar y proponer al Parlamento la aprobación de nuestra actual Constitución.

Finalmente, en relación con la conveniencia o no de reformar la Constitución, decía recientemente uno de los mayores artífices de su gestación y aprobación, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, que «los males de nuestro país no dependen de la Constitución de 1978 y la actual pasión reformadora de la misma haría bien en optar por la vía más modesta, fácil y evidente del buen uso de las leyes de desarrollo constitucional». Y no en la promulgación de Decretos-Leyes sin orden ni concierto, dictados con precipitación y para el caso concreto.