SON EMBALSES, NO LAGOS

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Cuando se terminó de construir la actual presa de Tous, los responsables entonces de la Confederación Hidrográfica del Júcar eran bastante contrarios a que se autorizaran usos de ocio en aquellas aguas embalsadas, porque entendían que podrían generarse costumbres y derechos que luego derivasen en reclamaciones cuando los usuarios consideraran que los niveles del agua estuvieran bajos, lo que podría acabar entorpeciendo la normal gestión de un pantano proyectado para otros fines más importantes y concretos: regular caudales para riego agrícola y abastecimiento urbano y laminar hipotéticas riadas futuras.

Alrededor del gran embalse de Alqueva (sobre el Guadiana, en Portugal, y un trecho en España) están proliferando tantos clubs náuticos y tantas playas que ya se denomina como el mayor lago de la península Ibérica y uno de los más grandes de Europa. Algunas menciones tienen el detalle de añadir que es el mayor lago artificial, pero la verdad es que ese matiz tiende a perderse conforme la población que acude a sus aguas se fija más en lo que le sirven (nadar, navegar, surfear, explayarse como sea, ser motivo de atracción turística para restaurantes y hoteles...) y se va perdiendo la noción residual de que si aquello está allí y en tales condiciones es porque se construyó un dique que represa las aguas, y la intención primordial no era la de servir de lugar para regatas, que tampoco está mal ni debe impedirse, sino para guardar el agua dulce, que no se pierda, y asegurar reservas para el abastecimiento doméstico y el riego agrícola.

El embalse de Alqueva está ahora lleno y no se cruzan intereses. Todos ven bien que se aprovechen las aguas del lago artificial para fines recreativos y turísticos, y los usuarios de todas estas actividades que han emergido allí no tienen elementos de queja porque el agua que llega por el Guadiana (por cierto, aportada mayoritariamente desde España, donde la cuenca alta y media del río sufre sequía) es suficiente para mantener el nivel. Sin embargo, si un día aumentan tanto los desembalses para nuevos regadíos, en fase de desarrollo en el Alentejo y el Algarve, seguro que quienes vean alejarse las líneas de 'litoral' de sus puntos de amarre y de los bares afincados en las orillas actuales protestarán, se sentirán damnificados, movilizarán a políticos y reclamarán que se respete el lago, porque el agua es suya.

Es lo mismo que está pasando en los embalses de cabecera del trasvase del Tajo. Entrepeñas y Buendía se construyeron para guardar agua y poder utilizarla donde y cuando hace falta. Pero a su alrededor crecieron multitud de actividades náuticas, turísticas y de ocio que consideran que sus lagos se secan porque les quitan su agua. Y nadie les explica a los olvidadizos y a quienes permanecen en la inopia que no son lagos, sino embalses, y que está bien que se utilicen mientras se pueda como lagos artificiales, pero lo que es primero es lo otro, porque para eso se construyeron, para tener agua para beber y producir.

En vez de eso, la ministra de Transición Ecológica pretende que se sumen representantes de los pueblos ribereños de dichos 'lagos' a la comisión de desembalse. Pues si triunfa tal pretensión, ya se imaginan el resultado: ¡viva la tergiversación! ¿Y por qué no añadir también representantes del gremio de humoristas y contadores de chistes?