Elogio de la FP

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

La formación profesional (FP) no tenía buena prensa. Desde que se diseñó el sistema educativo de la Enseñanza General Básica (EGB y el Bachillerato Unificado y Polivalente (BUP), la FP era la hermana pobre del sistema educativo. Antes de que se hablara de fracaso escolar y antes de que llegara la LOGSE en los años noventa del pasado siglo, la vía de la «formación profesional» era una opción para quienes eran malos estudiantes, quienes no podían con las Matemáticas o la Física y, sobre todo, para jóvenes con los que no podíamos «hacer carrera».

Resulta curioso, no pueden hacer carrera pero acceden pronto al mercado de trabajo. Mientras que los cerebritos eligen una profesión, los excluidos y despreciados por el sistema acceden pronto a un empleo, tienen un trabajo y pueden presumir de ser mileuristas antes de que los graduados y licenciados abran su despacho o saquen unas oposiciones. De manera progresiva hemos asistido a una dualización del mundo laboral que está empezando a cuestionarse. Un cuestionamiento que no se está haciendo porque los sesudos y sabios académicos de las universidades están convencidos del valor de la formación profesional sino porque la realidad de los empleos, la globalización de las actividades y la flexibilización de los mercados está generando oportunidades para nuevos «puestos de trabajo».

No sólo los sabios académicos bloquean la posibilidad de nuevos perfiles profesionales formalizados en títulos, también los técnicos de la administración pública tienen poder para convertir actividades profesionales consolidadas en titulaciones reconocidas de formación profesional. En un ejercicio de poder administrativo, por fin la Consellería de Educación ha reconocido dos nuevas titulaciones: 'Redes y estaciones de tratamiento de aguas' y 'Fabricación de productos farmacéuticos, biotecnológicos y afines'. Con ello, la oferta de perfiles profesionales consolidados se amplía y, de nuevo, la administración y la formación reglada se ponen al servicio de la sociedad.

Observen que no se trata de dos titulaciones cualesquiera sino relacionadas con la intervención tecnológica de la naturaleza, por un lado en el campo de la genética o biología, y por otro en el agua. Dentro de poco tendremos que habilitar a profesionales en la gestión del aire (técnicos en aerogeneradores) y en la gestión social y política del fuego festivo (técnicos en pirotécnica y cultura festiva). Y si seguimos con la pretensión de transformar nuestras ciudades en 'Smart city' o los distritos postales en distritos digitales, la lista de profesionales relacionados con la IA, con Internet de las Cosas, con las narrativas Digitales y con las Redes, tendremos que ofrecer titulaciones para nuevos trabajos y nuevos empleos. Actividades que exigirán salarios más dignos y, sobre todo, espacios de trabajo en los que no sea necesario fichar.