El Día D

ROSA RODRÍGUEZ

El destino del mundo dependía de su éxito y muchos de sus protagonistas nunca regresaron». La reina Isabel II remarcó, en su discurso de conmemoración del 75 aniversario del desembarco de Normandía, el homenaje a las decenas de miles de personas que perdieron la vida en aquel episodio que marcó el principio del fin del Tercer Reich. «Es realmente notable que el vasto asalto, planeado desde hacía tanto tiempo, cayera por sorpresa sobre el enemigo». En ese «vasto asalto», que Churchill relataría en sus memorias, la inteligencia aliada tuvo un papel esencial para confundir a los nazis que siempre pensaron que cualquier potencial ataque entraría por el paso más estrecho de Calais y que con meteorología adversa nunca se atreverían a cruzar el canal de la Mancha. La operación Overlord, que arrancó una jornada más tarde de lo planeado por un temporal altamente desfavorable, duró mucho más de lo previsto. El 'Día D' se llamó a aquel 6 de junio de 1944, 'El día más largo' como el corresponsal Ryan Cornelius tituló su libro llevado al cine, que cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial y de la Historia. Desde entonces, aunque con cierta desproporción, así se denomina a cualquier fecha señalada en rojo.

A Pedro Sánchez, un año después de la moción de censura, se le está haciendo bola su 'Día D'. Confiaba en que su investidura como presidente electo con 123 diputados sería más fácil que desalojar a Rajoy con 84, pero la aritmética parlamentaria es pura matemática en manos del interés de quien plantea la ecuación. Hoy, 43 días después del 28-A, inicia reuniones con Unidas Podemos, Ciudadanos y PP en el Congreso, lugar institucionalmente reservado para negociar estos apoyos previamente necesarios para la formación de un Gobierno si no se cuenta con holgada mayoría absoluta. ¿Para qué, pues, convocó aquel paseíllo de Casado, Rivera e Iglesias ante Moncloa a principios de mayo? Se confirma que fue un desfile como se confirma también que las consultas con el Rey se están desvirtuando del fin marcado por la Constitución. Si en 2016 hubo tres rondas que escenificaron el colmo del absurdo, este año Felipe VI ha recibido hasta quince representantes políticos incluyendo a una diputada que fue para decirle que «los catalanes no tenemos rey» y a un aspirante que no traía las sumas hechas de casa. Cualquier estudiante que se examina para acceder a la universidad tiembla si sabe que no se ha preparado lo suficiente porque conoce las consecuencias. Pero el juego político permite desdoblar el tiempo al antojo personal abriendo paréntesis prolongados para resolver los vetos cruzados con la geometría variable. El tictac no se activará hasta que Sánchez abrace a sus forzosos socios de proclamación y, quién sabe, si de presupuestos. El reloj de la legislatura está parado y el país en funciones. Pero, por si dudaban, sus señorías cobran del erario desde el minuto uno.