XIMO I EXPULSA AL MOSQUITO TIGRE

España quedó atrás. El país de los catacianos es un territorio imaginario habitado por catalanes sobrevenidos que hasta entonces se hicieron llamar valencianos. Se trata de una república feliz, progresista y ecofeminista, una república que logró escapar de la opresión del centralismo para compartir un destino fraternal con los otros pueblos liberados

XIMO I EXPULSA AL MOSQUITO TIGRE
FRAY FUSET

Se hace saber.

Que Ximo I ha juntado al Consejo a primera hora, café y pantumaca. «Toma nota, Fuset, edicto de emergencia: una amenaza corre por el país de los catacianos y es mi obligación y voluntad enfrentarme a ella con decisión plena, como ya lo hicimos para liberarnos del yugo mesetario; si La Purísima Oltra quiere acompañarme con sus partidarios, bienvenida, si no le place, lo haremos solos, pero los catacianos quedarán amparados por mi mano benefactora». Este leal pregonero tal como lo escuchó lo refiere aquí, aunque reparó en la incredulidad de los escribas principescos. ¿A qué se refería el Molt Honorable? ¿Se trataba acaso de un nuevo ataque de Los Emboscados contra la lengua propia?, ¿otro parón en las obras del corredor catalinario que ha de engrandecernos a todos por tren?, ¿están los codiciosos mercaderes despidiendo a los honrados braceros del Princeps que ejercen de liberadas sindicadas unidas? ¿Qué es lo que es, Gran Princeps?: «Pedazo de cabestros, el mosquito tigre, hablo del mosquito tigre; está acabando con nosotros, poco a poco, pero sin parar ni reparar, mira, mira mi cuello y no te digo cómo tiene el brazo Misinfluencer... no lo digo más, quiero al mosquito tigre fuera de las murallas de Catacia antes de 24 horas». Y así fue como fue decretada la expulsión del mosquito tigre de la República de Catacia, en términos tajantes: muerte, diáspora o ser recluidos en el campo de reeducación hasta que sus picotazos se avengan a las normas teológicas de la AVL (el prior Ramón Ferrer recibirá nueva remesa de catecismos del Obispando Marzà, secretario de Escuela y Propaganda). Pero los mosquitos partieron en masa fuera de la ciudadela, vieron cerrada la puerta del Norte para impedir que acudieran a infectar las laboriosas tierras de nuestros hermanos; y les dejaron vía libre por el oriente, hacia la hostil meseta. Se hizo constar, además, la pena añadida de que las huestes del mosquito tigre cruzarían murallas cargando con la oprobiosa estatua del Cid Campeador, aquel castellano de fortuna, rescoldo de los tiempos de la okupación hispánica.

Ilustración Sr. García

Se hace saber, además.

Del éxito indescriptible del Molt Honorable en la capital del Viejo Imperio, adonde fue a conferenciar para reclamar los legítimos derechos de las provincias liberadas. Ximo I no estuvo solo, no, sino bien rodeado de nuestros amigos y líderes de la Confederación Catalinaria. O sea, catacianos aparte, también auxiliaron catalanes de camisa vieja, y cataragoneses y hasta catarquines que volaron desde las islas. Todos como un solo brazo con nuestro Princeps pidieron más financiación y afearon el dumping fiscal del centro explotador. El viaje sí deparó un percance de última hora, de confusas consecuencias; allí debió ser donde el noble cuello del Molt Honorable fue víctima del insidioso mosquito tigre, al que ahora exiliamos de estas tierras de Catacia con destino al centro mesetario, de donde nunca debió salir. José María Ángel parte también desterrado, con deshonor, tras el sonoro fracaso de su operación militar del pasado invierno contra los insectos invasores, cuando le desapareció una brigada entera del Tercio Antimosquitos en un campo de naranjos de Castellón.

Se hace saber, también.

La pena del Molt Honorable Princeps a su regreso, no sólo por los traicioneros picotazos recibidos en el vetusto cuello, sino al descubrir que el Teatro Nacional, levantado por los antecesores y ancestros de Ximo I en los tiempos remotos del Pare Lerma, que incluso llegó a salvarse de la moda azulejera del Mestre Calatrava y de sus mecenas reaccionarios, ese gran coso de la cultura y la identidad cataciana, ¡se cae! Se cae, sí, se cae a pedacitos por la ineptitud de sus regidores, que no han sabido cuidar ni mantener un símbolo de nuestra cultura y nuestra condición. Al respecto, el Asesor de Patrimonio Identitario, voluntarioso siempre, aportó la idea de promover con ardorosa pasión un 'Salvem nostre Teatre' («tenemos acuartelado sin faena al comando Cabanyal», aclaró), pero no percibió del Princeps amado otra cosa que un seco pescozón, justo antes de acariciarse el cuello y desaparecer de Palacio. En cuanto al asesor caído en desgracia, esa noche sin falta ingresó como seminarista en el campo de reeducación de la AVL.

Finalmente, se hace saber.

Que toca sustituir al asesor desahuciado. Se convoca a la Junta de Coalición. El secretario del Tesoro, Soler, suda y teme lo peor. El Princeps envía a Mata el Muñidor, La Purísima mandata a Ferri el Joven. Horas de tiras y aflojas pero con acuerdo final: la plaza de Asesor de Patrimonio Identitario se renueva como Fundación de Patrimonio Identitario, con puestos de secretario, vocales, albaceas, palmeros y aplaudidores. Queda registrado, el número de altos cargos se actualiza en la cifra de 17.183. Soler suda y avisa: «las cuentas no salen». Se forma algo de escándalo. A Palacio llega muy alterado el Látigo Cantó, portavoz de los artesanos urbanos: «estamos siendo esquilmados, no podemos más; esto no es una república, esto es un régimen». Tenso silencio, todos miran a Soler hasta que el secretario del Tesoro disuelve la crisis: «aquí lo que pasa es que la Meseta nos roba».