LA DONA VALENCIANA

Mª ÁNGELES ARAZO

Rafael Solaz presentará el miércoles su último libro (rebasó la treintena) y, como de costumbre, trata de una parte de nuestra historia social, humana, tan próxima en esta ocasión que la han centrado en un siglo: 1870-1970. Y, además, con el aliciente de que el volumen está compuesto por 225 fotografías de su colección; ese tesoro de imágenes que inició siendo un adolescente.

Durante más de un año ha estado seleccionando las que tienen como protagonista a la mujer y constituyen un testimonio real de la evolución que ha logrado en este tiempo, aunque le falta tanto por conseguir en la soñada igualdad de género.

Más la circunstancia literaria obliga a dejar la polémica y sonreír ante aquellas jóvenes que únicamente aspiraban a la boda y a la maternidad. La crónica visual que Rafael Solaz ofrece es un mundo que abarca el mismo detalle de la vida de la mujer burguesa que la trabajadora, la artesana o las que deseaban ingresar en una oficina tras el dominio de la mecanografía y taquigrafía en las últimas décadas.

Que el libro obliga al recuerdo de muchas mujeres conocidas y costumbres borradas es tan cierto como que desprende ternura y obliga a silencios personales. Ahí están en el dibujo tenue de la evocación las figuras de 'la costura', cuando el cestillo donde la cinta métrica, las bobinas de hilo y hasta el huevo de madera eran insustituibles para el ama de casa que remendaba y cosía. Las mujeres se reunían para escuchar la lectura de la amiga que mejor pronunciaba para rezar el rosario de un luto compartido. Amigas como hermanas vestidas muchas veces con idénticos trajes, arreglando las macetas ante la procesión de la tarde. Existencia plácida, rutinaria, con deseos silenciados, con ingenua alegría de vivir la fiesta del pueblo, la boda de la vecina, el baile de los disfraces que permitía simular totalmente una personalidad, la callada caricia de las manos. Sensible y sentimental, Solaz une ambas cualidades (ha dedicado la portada del libro a su madre en la plenitud de la juventud y la belleza). «Es una licencia que me he permitido», confiesa. Y yo le felicito y le envidio...

 

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