La doctrina Fuset

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Tal vez sin pretenderlo, o pretendiéndolo, que con él nunca se sabe, pero el singular concejal de Cultura Festiva del Ayuntamiento de Valencia, el nacionalista Pere Fuset, puede haber apadrinado una nueva doctrina jurídica que me temo corre el riesgo de ser empleada por los abogados defensores de los políticos que están siendo juzgados por su participación en el referéndum ilegal del 1 de octubre. Si aplican sus mismas y peculiares estructuras mentales, por supuesto. El pasado miércoles, Fuset explotó de indignación al enterarse de que los nueve jurados que van a valorar las fallas de la sección Especial son... ¿exconvictos?, noooooo, ¿pederastas?, tampoco, ¿miembros de una secta satánica?, para nada, ¿agentes del Mossad?, no que se sepa. ¿Entonces? Mucho peor: ¡hombres! Nueve tíos, nueve. Uno escuchaba su intervención en la radio y creía estar oyendo uno de esos grandes discursos de la historia, un Martin Luther King o un Nelson Mandela clamando contra la discriminación racial, tal era su grado de ira, encendido que estaba el hombre contra lo que consideraba una agresión en toda regla a las mujeres. Pero desde ese día no hago más que darle vueltas al argumento fusetiano, que vendría a ser que si el sexo femenino representa el 60% de la fiesta, no puede ser que en el jurado de las fallas de Especial todos sean hombres. Me inquieta que esta forma de interpretar la realidad se lleve a otros ámbitos de nuestra vida y que, por ejemplo, se les ocurra aplicarla a los letrados del 'procés'. En el banquillo del Tribunal Supremo se sientan doce políticos catalanes encausados por rebelión, sedición y malversación. De los doce, tres son mujeres -Dolors Bassa, Carme Forcadell y Meritxell Borràs-, lo que arroja un porcentaje del 25% de los juzgados. Y sin embargo, en el tribunal que preside Manuel Marchena hay seis magistrados, incluyéndole a él, y sólo una magistrada, lo que viene a representar un porcentaje del 14,2%. Según la doctrina Fuset, este órgano judicial no va a ser ecuánime porque su composición no responde no ya a la realidad social (mitad y mitad de hombres y mujeres) sino tampoco al propio reparto de los acusados entre hombres (nueve) y mujeres (tres). Ya puedo ver a los abogados camino del Tribunal Europeo de Derechos Humanos alegando la indefensión de sus clientes porque, señorías, qué escándalo, ¡en el tribunal había seis hombres y sólo una mujer!

Esta forma de pensar y de argumentar (por llamarlo de alguna forma), de comportarse, de afrontar la realidad, de salir a la calle y de entender el mundo que nos rodea es la que primero el 28 de abril y luego el 26 de mayo se enfrenta a esa otra actitud vital, intelectual y moral que entiende que no hay ni debe haber cuotas, que hombres y mujeres son iguales y que lo importante no es la distribución por sexos sino que los jurados sean justos. La doctrina Fuset contra la doctrina de la sensatez.