DOBLE FILA

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Más allá de los grasientos reglamentos y las espesas ordenanzas generadas por las bravas porque yo lo valgo, siempre emergieron los acuerdos tácitos entre los ciudadanos. Pactos de silencio suaves que lubrican nuestro día a día siempre y cuando los abusones respeten la norma. La doble fila sería una tierra de nadie que todos hemos utilizado en alguna ocasión procurando evitar los daños colaterales. Se trata de un mete y saca rápido que apenas trastorna el resto de la circulación si el conductor se aplica. Descargar algún mueble, recoger a esa madre de avanzada edad, sacar el carrito del bebé. No se aparca en doble fila por placer, sino porque no existe otro remedio cuando la situación así lo exige. Algunos carriles bici van a estrangular ciertas venerables arterias y, de paso, fastidiarán la posibilidad de esa reparadora doble fila que nuestro alcalde abomina. Es lo que va a suceder en la avenida Reino de Valencia, donde por cierto podían haber instalado el carril en el paseo central, escoltado por las esbeltas palmeras, y todavía quedaba hueco para los peatones. Pero no se promociona el uso de la bici, interesa castigar al coche, así pues necesitan actuar con saña. «Parece que aquellos que aparcaban en doble fila ahora lo tienen más difícil», pronunció el alcalde la semana pasada. A lo mejor cree que aparcar en doble fila supone un crimen imperdonable. Igual piensa que si aparcas en doble fila esto te convierte en un facha peligroso. Y supongo que él, alma purísima y bermellona, jamás se ha visto obligado a aparcar, siquiera un momentito inofensivo, en doble fila, de ahí que pretenda purificar nuestros pecados de vandálicos conductores. Nos está crucificando con el exceso carrilero porque él sabe lo que nos conviene. Total, luego rularán los patinetes en detrimento de su salvadora bici.

 

Fotos

Vídeos