Dinero público en prostitución

PEDRO CAMPOS

La fiesta en Valencia se acaba a las cuatro de la tarde». Lo dijo Esteban González Pons cuando el huracán Gurtel arrasaba el PP de la Comunitat. El eurodiputado valenciano reclamaba contundencia ante tanto desatino. Había que atajar la juerga recién acabada la comida, porque ya se sabe que comienza el tardeo y se acaba bailando la conga en la madrugada. Eso le debió pasar a los socialistas andaluces el día que José Antonio Griñán -juzgado en estos días por los ERE- cambió la composición de su gobierno en la Junta de Andalucía. Unos colocados por aquí, otros colocados por allá. Había que seguir exprimiendo la institución pública en beneficio propio. Y esto merecía una celebración. Claro que sí. Cuando se junta un grupo es complicado decidir dónde acudir, cada uno es de su padre y de su madre. Aquí lo tenían claro: a un club de alterne. Nada de un fino y una animada charla. Jarana de la buena. Llegado el momento de rascarse el bolsillo saltó el fanfarrón de turno, un tal Fernando Villén, responsable de un organismo para ayudar a los parados, con un «això ho pague jo» pero en el idioma de Cervantes. ¡Ole tú!, le gritaban. Y se sacó del bolsillo una tarjeta de color negro, que se mimetizaba con el ambiente. Entre las 20.57 horas y las 2.43 de la madrugada se hicieron quince cargos de entre 310 y 1.490 euros. En total, la verbena costó 14.737 euros. El dinero se escamoteó de la Fundación Fondo Andaluz de Formación y Empleo, una entidad disuelta pero que funcionó como una auténtica agencia de colocación para familiares y militantes del PSOE andaluz. Enchufaron a esposas, hermanos, sobrinos y cuñados y contrataban servicios con empresarios que eran parientes o antiguos compañeros de trabajo. Cuando crees haberlo visto todo, siempre hay alguien en la política que lo supera con creces.

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