NO HAY DINERO

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

En aquellos días de Evian, donde hicimos del hall del Hilton nuestro cuartel general, una joven camarera francesa llamada Elodie nos servía a los chicos de la prensa los sandwiches de todos los días. Era un menú rápido, ágil y menos caro. En Evian, ubicada en la orilla francesa del lago Leman, nada era barato. Los lugares de vacaciones son así. Las estadías de pretemporada, además de para trabajar mucho y conocer nuevos lugares, es cierto que sirven para oxigenarte y resetear cuerpo y mente tras un año duro. Lo mejor de mi paso por deportes fue conocer a buena gente. Evian fue el primer año de Marcelino y el último de Alesanco, que apareció por el hotel como un polizón y lo único destacable que hizo fue discutir con mi compañero Diego Picó sobre si le parecía físicamente feo o no. A mí, más que feo me parecía un tipo agrio. Una tarde, antes de que Mateo Alemany apareciera por allí con ese perfil de cincuentón arruinado en el casino, el presidente, Anil Murthy, apareció por mi espalda, se apoyó en mi hombro, miró la pantalla del portátil y dijo con su castellano exprés: «Héctor recuerda, el titular es que no hay dinero». El mensaje ya lo transmitió en la cena del día anterior. Los medios publicamos esa realidad que el tiempo ha demostrado que es cierta, aunque desde las redes sociales algunos, abrigados en perfiles falsos, se dedicaron a menospreciar. Lo típico. Alemany, un día después, jugó el papel de poli bueno y preguntó en voz alta que quién decía que no había dinero. La respuesta se resolvió con hechos con un equipo repleto de jugadores cedidos. La cantinela de Meriton sigue por el mismo camino. Es difícil que un equipo que suma más de 500 millones de euros de deuda, entre bancaria y deportiva, tenga capital para fichar a grandes estrellas. La llegada de Guedes, apalabrada para el verano que viene, se pagará con ventas o, y no sería descartable si el jugador mejora, venderlo por un precio superior. Murthy eligió la prensa de Singapur, como casi siempre, para enterrar la llegada de estrellas al Valencia. Lim compró el club con aquella promesa, más la de construir un estadio, hacer un museo, acabar con la deuda, estar siempre en la Champions, embarcar a multinacionales en el proyecto, fichar estrellas... y la realidad es que se vende a los mejores futbolistas, no hay estadio, la Champions va y viene, la deuda aumenta, las multinacionales pasan de largo y del museo no están ni las puertas. Los fuegos artificiales hace tiempo que terminaron. Prefiero la verdad a la mentira. Y me creo más ese discurso de que no hay dinero para fichar a estrellas que el de las falsas promesas. El verano que viene tocará volver a vender, encajar los estados contables y a partir de ahí seguir sobreviviendo, que es cuando de verdad el Valencia se hace grande.