La diana

El estratega que dio el pistoletazo de salida para la campaña contra Ciudadanos quería doblegarlos para que apoyen a Sánchez

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Lo malo no es que pacten con Vox. Lo preocupante es que esa decisión impide que avalen al PSOE. La expulsión de Ciudadanos de la fiesta del Orgullo en Madrid solo es un efecto, no la causa del problema. El rechazo a Ciudadanos, cuyos miembros tuvieron que salir escoltados por la policía de la cabalgata LGTB por los insultos, botes y botellas que les tiraron, responde, como indicó Arrimadas, a una decisión anterior. Me refiero al momento en el que alguien decidió meter presión a su grupo político. El estratega que dio el pistoletazo de salida para la campaña contra Ciudadanos no quería acabar con ellos sino doblegarlos para que terminen apoyando de facto a Pedro Sánchez. No es casualidad que, de pronto, un montón de cargos del PSOE fijen su atención en el pacto de Ciudadanos con Vox. No se quejan del PP, al que dan por perdido, ni del propio Vox, que resulta irrecuperable, sino de que Ciudadanos esté dispuesto a acuerdos con ellos. Como si el resto, incluido el propio PSOE, no hubiera pactado nunca con formaciones de muy dudosa alianza.

No es pura defensa de los valores democráticos, como algunos que se dejan arrastrar por la corriente coreaban en la cabalgata de Chueca al grito de «libertad, libertad» para negársela a Ciudadanos, sino atinado cálculo para vencer el pulso que necesitan en la investidura. El último en entrar en esa estrategia fue el ministro Fernando Grande-Marlaska quien criticó al partido de Rivera por «pactar de forma obscena con quienes quieren limitar los derechos LGTB». En este caso, la demonización de Ciudadanos se vinculó a la jornada de celebración del colectivo, pero si hubiera sido el día de la Constitución habrían alegado que pactan con quien niega el orden constitucional o si hubiera sido el día del Trabajo, que pactan con quienes pretenden negar el trabajo a los inmigrantes. A estas alturas, cualquier excusa es buena para poner en la diana al partido naranja y considerarlo el culpable de la deriva ultra de nuestro país. Es cierto que algunas propuestas de Vox van en ese sentido y motivos para criticarles hay muchos y diversos; pero lo llamativo en este caso es cómo el PSOE actúa en una misma dirección con tal de conseguir que a Ciudadanos no le quede otra que abstenerse para que Sánchez salga elegido presidente. Si para eso hay que situar a los líderes de Ciudadanos en el punto de mira, como se quejaba Arrimadas, se hace. Así, no es de extrañar que llegaran los insultos y los intentos de agresión ni tampoco que, siendo totalmente injustificados y necesitados de reproche por parte de los socialistas, no aparezcan estos a decir una palabra contra lo sucedido. La culpa la tiene Ciudadanos, por provocar, no los intolerantes que obedecen a las consignas de forma extrema y antidemocrática. El «combustible» que alimenta a la extrema derecha, como decía el ministro, no es «el trifachito»; es situarlo en el centro de la escena política.