La Diada, el 'déja vu'

ANTONIO PAPELL

Hoy es 11 de septiembre, y este domingo 'La Vanguardia' recordaba el significado de la efeméride con evidente oportunidad: «En Cataluña, la fiesta nacional recuerda y conmemora una derrota. En el marco de la 'guerra de sucesión española' para escoger un nuevo rey, Barcelona se mantuvo fiel a Carlos II de Habsburgo hasta el final y fue sometida por las fuerzas de Felipe de Anjou a un largo sitio de 14 meses hasta que la ciudad se rindió el 11 de setiembre de 1714, día que hoy sirve para celebrar la Diada de Catalunya». Y añade: «Pasó más de un siglo hasta que empezara a conmemorarse el 11 de septiembre como un día importante. La primera celebración fue en 1886, en un ambiente católico y conservador en la parroquia de Santa María del Mar, donde se encuentran enterrados en el Fosar de les Moreres centenares de caídos en aquella batalla». Lo que no dice 'La Vanguardia' es que Felipe V representaba la modernidad, en tanto el Habsburgo encarnaba el Viejo Régimen, la reacción, el foralismo carca y retrógrado.

'El Nacional', el digital ultranacionalista dirigido por el otrora moderado José Antich, explica por su parte en un artículo que «este año la manifestación de la Diada nacional de Catalunya llega en un contexto excepcional: después de proclamar la independencia y con presos políticos y exiliados. Por ello, la Assemblea Nacional Catalana se ha propuesto llenar toda la avenida Diagonal bajo el lema Fem la República catalana». Parecería un juego festivo y bromista si no existiera un trasfondo trágico y destructivo.

La realidad es que este año los organizadores -ese siniestro 'movimiento nacional' que suplanta a los partidos políticos, en una tergiversación entre política y sociedad que tan malos recuerdos trae a este país-, ya no pretenden transversalidad alguna: la fiesta, como las instituciones catalanas, pertenece en exclusiva a los patriotas. Se trata de seguir acreditando que casi la mitad de los catalanes es soberanista, que nadie o casi nadie ha desertado, que quienes están por la independencia no han decaído en su entusiasmo y están dispuestos a mantener firme su beligerancia... Lo que conduce a una situación descabellada: se da por irremediable la fractura social y se mantiene la tesis de que la independencia es legítima y posible aunque sus partidarios ni siquiera alcancen el 50% de los electores. Y con una particularidad: la palabra 'independencia' en boca de la CUP significa algo muy distinto de lo que quiere decir en boca del nacionalismo democrático, de derechas o de izquierdas, por lo que quienes suman ambos vectores agregan unidades heterogéneas (peras con manzanas, para entendernos). Habrá que ver el éxito/fracaso de la convocatoria para valorar la salud de la euforia independentista, pero ya se puede anotar una ausencia significativa de relieve: la de Ada Colau, quien argumenta que su ausencia se debe a que «la ANC sólo reivindica la vía unilateral».

Fotos

Vídeos