El diablo de las armas

Estados Unidos se construyó mediante diversos aluviones de inmigrantes y la conquista por medio de la violencia

VICENTE GARRIDO

Como saben, en el día de San Valentín se produjo otro asesinato múltiple en Estados Unidos, en un instituto de Florida: 17 víctimas, dos más que en el célebre suceso de Columbine, la matanza de estudiantes que inauguró esta fiebre homicida que sacude a la sociedad norteamericana con una frecuencia terrorífica. Siempre que sucede una de estas matanzas, empieza una letanía conocida: los liberales piden una mayor regulación de las armas, y los republicanos dicen que «no es el momento», o directamente aseguran que si más gente en el lugar de los hechos hubiera podido tener un arma el asesino hubiera podido ser neutralizado, previniendo la muerte de muchos alumnos.

Empezaré por lo obvio: no cabe duda de que la facilidad de obtención de las armas de fuego es un elemento muy relevante para explicar estos crímenes. En el país de Trump hay casi tantas armas de fuego como habitantes, y se pueden conseguir por diversos medios: por internet, en comercios del ramo o en el muy surtido mercado negro. En muchos Estados existen leyes obligando a una demora en su compra, para dar tiempo a que se compruebe en un sistema informático si el sujeto tiene antecedentes legales, lo que prohibiría que las adquiriera. Pero este sistema no funciona muy bien, debido a que hay muchos errores de identificación (los apellidos ingleses que se tienen que deletrear) y existen diversas maneras de burlarlo.

Veo con frecuencia en los medios considerar a Estados Unidos como un país retrógrado por tener como un derecho fundamental la posesión de un arma de fuego, pero el asunto es un poco más complejo. Hace solo 150 años la supervivencia en la mayor parte de su territorio dependía de que tuvieras un arma para defenderte, porque sencillamente la justicia o no existía, o estaba muy lejos. Estados Unidos se construyó mediante diversos aluviones de inmigrantes y la conquista mediante la violencia; primero contra los ingleses, luego contra los indios, así como con guerras con México y finalmente de forma fratricida en la cruenta guerra civil.

Por otra parte, es cierto que si prohibieran las armas todos los 'malos' podrían tenerlas mediante el gran mercado negro existente, y solo la policía podría defender a los ciudadanos (ojo: en España es difícil obtener armas; la gran mayoría de los delitos se producen sin armas de fuego). En principio no hay nada malo en esto, al fin y al cabo en las sociedades democráticas el Estado tiene el monopolio de la violencia, pero entiendan que para un estadounidense es un órdago decirle que no se puede defender con una pistola si alguien le ataca o irrumpe en su casa poniendo en riesgo a su familia. Estados Unidos no tiene nuestra historia, ese poso que permitió generar una cultura y unas leyes al calor de la Ilustración y que nos permitió dejar de matarnos hace solo 70 años. No deberíamos juzgar a la ligera.

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