LA DEUDA DE PETER LIM

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Contar cerca con alguien que te destripe las cuentas del Valencia es caer sobre un colchón mullido. Reconozco que soy un tipo con suerte por ello. Más allá de los datos básicos, mi bisturí no llega en muchas ocasiones para la composición de lugar. Tras el primer vistazo llega el análisis y de ahí se desprende un dato tan preocupante como angustioso para el futuro. El Valencia de Peter Lim se emparra por encima de los 500 millones de euros de deuda. Una losa que aplasta los días que están por venir si el maná de la Champions no se convierte en rutina. La mayor verdad que le he escuchado a Meriton me la dijo Anil Murthy en el hall del Hilton de Evian mientras Elodie nos preparaba a la tropa periodística los sandwiches de cada día: «No hay dinero, recuerda que el titular es que no hay dinero». Ese es el estribillo temporada tras temporada por mucho que a una parte de la masa valencianista le pesen las verdades del barquero que cuentan los medios de comunicación. Cada temporada con Lim al frente de la mayoría accionarial se ha cerrado con un déficit desorbitado que es como un golpe en el hígado que deja sin respiración. Los momentos por los que atraviesa el Valencia son más que complicados. A la estratosférica deuda hay que añadir la multa de Bruselas que está paralizada pero no olvidada y la negativa del Ayuntamiento de Riba-roja a reembolsar 25 millones de euros por Porxinos en un conflicto que se aventura largo. Demasiados interrogantes. El Valencia se enfrenta a un momento crucial, al de su propia supervivencia. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres, más pobres. Como pasa con la economía, una futura liga europea, como desveló Football Leaks, eliminaría a la clase media. Y el Valencia no se puede permitir el lujo de estar fuera de esa pomada que se repartirá la tarta. No sé cuál es la idea de Lim a medio plazo pero la realidad es que el plan de negocio hace aguas. La deuda crece. Las dos temporadas que se dejó todo en mano de los experimentos todavía se arrastran. Por el camino se quedó mucho dinero de los derechos de televisión y de competiciones europeas. La gestión de Mateo Alemany es notable pero en la economía los milagros no forman parte nunca del manual. Hacer magia con los números no siempre funciona y la obligación de vender jugadores al cierre de cada temporada es la radiografía más evidente de que el Valencia sigue siendo vendedor. El club se sumerge de lleno en la celebración del centenario, un tiempo en el que el escudo ya debía de lucir por contrato en el nuevo Mestalla, el cuerno de la abundancia. La realidad es otra, en tonos grises. En ocasiones, la obligatoriedad de ser cuartos es la peor ansiedad. Es muy difícil competir cuando uno juega por algo más que por los tres puntos, cuando juega para sobrevivir.

 

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