MISMOS DESAJUSTES

JOSÉ MARTÍ

Ante la pretemporada futbolística, hay dos tipos de actitud en el aficionado común. La del sediento de fútbol que sigue cada novedad con avidez y conoce al dedillo las posibles bajas-incorporaciones de la siempre amplia plantilla de su equipo durante más de un mes o, en contraste, la de aquél que se distancia de manera premeditada hasta el inicio de la Liga. Ni siquiera quiere ver ningún bolo veraniego por prevención, pues muchos jugadores que incluso llegan a emocionarle -canteranos incluidos- luego serán cedidos o vendidos. Sabia manera de ahorrarse disgustos absurdos antes de tiempo. El gran Salva Regües era de estos. El maestro no veía ningún partido de pretemporada del Levante. Por convicción. Sólo es humo. Nosotros también, y más desde que hace años decidieron eliminar el de presentación en el Ciutat. Tal y como anda la cosa, no nos extrañaría que Tebas también sea culpable de esta supresión. Para matar el gusanillo, nos basta con el tradicional partido estival en Teruel. Acudir al histórico Estadio Pinilla a primeros de mes se ha convertido en una visita familiar obligatoria, con su mítica publicidad de Funeraria Amantes detrás de la portería y sentados en la grada sobre los antiguos asientos del Ciutat. Cercanía y sabor al fútbol de siempre. Una manera de reconciliarse con la esencia de este deporte que tanto nos emociona. El inicio de la Liga nos ha dado la razón a los segundos. Tanto dar vueltas para, al final, seguir como estábamos porque, visto lo visto en Vitoria, la cosa sigue donde la dejamos. Cuando ha empezado a rodar el balón de verdad, en la primera jornada, hemos podido comprobar cómo el Levante continúa con los mismos problemas de desajuste que en la sufrida temporada anterior, como si no hubiera existido la pretemporada ni los nuevos refuerzos. Mismos defectos, mismas virtudes. Y la misma sensación de siempre en Mendizorroza de ganarnos el rival con muy poco. Una simple jugada a balón parado mal defendida y partido perdido. La defensa siguió dando la misma sensación de endeblez y desarreglo que la de antaño, echando al traste la ilusión de muchos aficionados que seguimos convencidos de tener una plantilla espectacular, con licencia para soñar. «Esto no es como empieza sino como acaba», que diría el clásico. Acuérdense cómo comenzó la pasada campaña con goleada histórica en el Villamarín y los apuros finales. Las tres primeras jornadas antes del parón por selecciones (Alavés, Villarrreal y Valladolid en caso granota) son la piedra de toque para afinar el estilo, fijar el dibujo, ajustar piezas y decidir una alineación tipo para el resto de temporada. Son los partidos que cuentan de verdad como pretemporada definitiva. Deberían marcar lo que será el equipo para el ejercicio restante. O no.