EL DEMONIO, EL MUNDO... Y LA CARNE

VICENTE LLADRÓ

De nuevo la emprenden con la carne. Qué manía. Ahora resulta que la salud del planeta -no sólo la de los consumidores que abusen- se resiente porque se come demasiada carne, según los vigilantes de estas cosas, que dan por sentado que tenemos que aceptar sus diagnósticos a rajatabla. La ecuación que plantean es más o menos así: como se come demasiada carne, hay que criar demasiados animales de granja, a los que hay que alimentar con más piensos, lo que obliga a multiplicar los grandes cultivos industrializados que consumen excesivos recursos naturales. De modo que su recomendación es cambiar de dieta alimenticia; esto es, comer mucha menos carne; a ser posible, dejar de comerla.

Aunque entre los apologetas del nuevo dogma hay variaciones curiosísimas y, por ejemplo, te encuentras con voces que sólo van contra la carne de animales de granja, no la de la fauna silvestre, que come lo que encuentra por ahí. ¿Tendremos que volver a ser recolectores y cazadores?

¿Qué tendrá la carne que enseguida la emprenden con ella todas las religiones? Desde los tiempos de los sacrificios rituales de animales.

Recordemos que el catecismo que nos inculcaban de pequeños ya nos advertía de que los enemigos del alma eran tres: el demonio, el mundo... y la carne. Sí, claro, se refería a otro concepto de 'carne', sobre el cual no alcanzábamos a entender a cortas edades, pero en el fondo también había como una cierta intencionalidad de dejar el asunto en una calculada ambigüedad, ¿no? Se citaba a la carne y ya está, sin más; cada cual, que se acogiera a lo que entendiera. Y a la vez, las mismas normas de la religión católica imponían la prohibición de comer carnes rojas en Cuaresma y ninguna los viernes. Bueno, sigue vigente, aunque apenas se haga caso ya. En realidad la penitencia no sería hoy dejar de comer carnes que están baratas, sino el bacalao, que está caro y antaño era el sustituto obligado, porque era muy económico.

La cuestión es enredar con las carnes y mezclar lo de comer con lo religioso. Miren si no los musulmanes, con la prohibición del cerdo y las restricciones del Ramadán.

No se dan cuenta los propagandistas de los nuevos postulados que van sobre todo contra la población más modesta, porque la ganadería industrializada que tratan de demonizar es hoy muy competitiva precisamente para poder abastecer de proteína barata a toda la población, no sólo a los que durante siglos y hasta hace pocas décadas eran auténticos los privilegiados que podían permitirse el lujo de comer carne siempre que quisieran, porque podían pagarla.

Recordemos el sistema de las bulas. Quien pagaba a la Iglesia se libraba de la prohibición cárnica en días señalados.

La versión moderna es la de aumentar los impuestos que graban los productos cárnicos para que su consiguiente encarecimiento desincentive el consumo. No es broma, los grandes partidos ya están de acuerdo en Alemania para subir el IVA de la carne del 7% al 19%. Consecuencia inmediata: si llega a bajar la demanda será en todo caso entre los ciudadanos menos pudientes, al rico le da igual a cómo el pongan el chuletón de buey bien madurado en cámara.

O sea, lo de siempre, a fastidiar a las masas con subterfugios y que se avengan a ser sumisas.