¿SOMOS DEMASIADOS EN FALLAS?

Me niego a pensar que sobra gente en Valencia estos días, pero dudo cuando arrastro los pies sobre el botellón

¿SOMOS DEMASIADOS EN FALLAS?
Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Ataques al patrimonio, suciedad y saturación son palabras que se dicen unas páginas por delante por parte de unos señores que saben de Fallas. Uno no entiende ni mucho menos tanto, pero la realidad es bastante obvia. Sólo hay que andar unos pasos por la plaza del Mercado o el entorno de la iglesia de San Valero, por citar dos ejemplos, para entender que el Ayuntamiento tiene un problema serio en Fallas y plantea la cuestión de si la fiesta corre riesgo de morir de éxito.

Es un problema peliagudo porque afecta al bolsillo de muchas personas, pero algo habrá que hacer, sobre todo por parte del Ayuntamiento. El problema va más allá de campañas de concienciación o de fomentar el reciclaje, como apuntaba el otro día el alcalde Ribó. Habrá que determinar si se puede garantizar la higiene de las calles. Así de sencillo y lógico.

Este año hemos vivido unas Fallas raras, con días de frío y enorme calor, con un calendario loco que ha tenido un fin de fiesta adelantado. Lo que sí está claro es que los medios de limpieza son insuficientes, por mucho que el gobierno municipal hable de un 49% de incremento en los vehículos, además de que también se ha notado y mucho la falta de plantilla en la Policía Local.

El problema va mucho más allá de los falleros, de las verbenas o las actividades de las comisiones. Es un perjuicio global que se extiende por toda la ciudad, con vandalismo y botellón campando a sus anchas. La decisión del Consistorio de colocar un paramento de madera en la puerta principal de la Lonja ha sido como se suele decir finamente «insuficiente» por no hablar de ridícula. Los ríos de orines cayendo por las calles cercanas al edificio catalogado como Patrimonio de la Humanidad han sido una imagen habitual durante varias noches y los vecinos han gastado varios gigas de sus teléfonos móviles para grabar lo sucedido, enviado por cierto al delegado español ante la UNESCO, el valenciano Andrés Perelló. El título no es vitalicio y alguien puede pensar en quitárselo al edificio mercantil, lo que nadie desea.

Pronto llegará el momento de hacer balance y considerar lo mejorable el próximo año. De momento, un par de patrullas de la Policía Local haciendo plantón en los alrededores de la Lonja no habría estado mal, al igual que las dichosas cámaras de vigilancias que no acaban de llegar. ¿Tanto cuesta a la Conselleria de Cultura decidir si los lugares propuestos por el Ayuntamiento son los adecuados? Urge la respuesta.

Lo de concentrar verbenas en la misma plaza tampoco estaría mal, aunque eso depende de organismos como la asamblea de presidentes o las agrupaciones falleras. La respuesta de todo lo demás debe partir del Consistorio, que para eso tiene un instrumento idóneo en el bando fallero y recursos más que suficientes.

Baste citar que el pasado año sobraron más de cien millones de euros de las inversiones. La plantilla de la Policía Local o las contratas de limpieza se quedan cortas estos días y eso lo sabía cualquiera. Cada año, como una foto fija, el botellón toma el bulevar de la Gran Vía Marqués del Turia, aunque he de reconocer que lo sucedido en los alrededores del Mercado Central ha sido la sorpresa de la temporada para los profanos. Sólo les ha faltado pegarle fuego al muro de madera decorado con un vinilo, mísera defensa del edificio. Por cierto, habrá que ver el interior cuando retiren los tablones. Dentro puede haber de todo para llevar varios contenedores de basura.

Recobrar la normalidad costará varios días, semanas en las zonas más machacadas del centro histórico, de tal manera que el trabajo de la limpieza no ha terminado ni mucho menos. Quedan once meses por delante para decidir qué se hará en 2020 y qué medios se destinarán a ello.

Otro tanto ocurre con la gestión del tráfico los días previos al cierre del centro. Daba pena contemplar los esfuerzos de los policías locales en aliviar los atascos en los lugares más complicados al quedarse con un carril único, como es el caso de la avenida Reino de Valencia o la cale Ruzafa. Si algo necesitaba el Ayuntamiento para comprobar que no funciona, estos días se ha constatado.

Demasiados asuntos a tratar, casi con la necesidad de una especie de congreso fallero, pero de todas las entidades y sectores que viven alrededor de la fiesta. Comerciantes, vecinos, hosteleros, agencias de viajes, propietarios de hoteles y apartamentos turísticos, todos tienen que aportar soluciones.