DEMASIADAS CLASES Y MATERIAS EN LA ESO

DEMASIADAS CLASES  Y MATERIAS EN LA ESO

Todavía 20.000 alumnos del sur de Alicante siguen sin clases por las lluvias torrenciales que la semana pasada dejaron en casa a los niños de 191 municipios valencianos. También el Ayuntamiento de Valencia cerró los colegios de la ciudad lo cual, a toro pasado, quedó como una prevención excesiva. Insisto, a toro pasado, que siempre es lo más fácil y no el tomar decisiones con previsiones en la mano. Días, en cualquier caso, que no se recuperan.

Esta circunstancia ha coincidido en el tiempo con la presentación del informe anual de Panorama de la Educación de la OCDE, una comparativa con los principales indicadores escolares de los países europeos y más industrializados. En este informe, se apunta que en España el número total de horas obligatorias por clase en la primera etapa de Educación Secundaria (1.054) supera en más de 130 horas la media de la OCDE (919). Mientras que en Educación Primaria, la cifra es similar (792 frente a 799).

En Primaria, no obstante, el número es algo menor, más cercano a la media de los países europeos, que se sitúa en 769 horas lectivas al año. La razón es que a esas 792 horas que la OCDE da para España (ahora ya, desde hace unos pocos años, 'descuenta' el recreo), habría que restar el generalizado horario de verano en septiembre y junio en el que hay una hora menos al día. Las diferencias se encuentran más en los días lectivos: diez días menos que la media de la OCDE y seis menos que la europea.

Quizás la verdadera diferencia está en Infantil, ya que en España igualamos con Primaria, mientras que en otros países europeos Infantil tiene más días lectivos (por la conciliación) pero menos carga lectiva. Otra curiosidad en esta etapa: España y Portugal son países con muy alta tasa de escolarización a los cero años que contrasta con los países escandinavos, que tienen mayor escolarización a los dos años y menor a los cero. Los permisos de paternidad/maternidad extensos provocan que esa escolarización tan temprana sea innecesaria.

Esto muestra que en España tenemos un curso más concentrado, con menos periodos intermedios que en otros países, una circunstancia que se repite en Secundaria. Es en esta etapa en la que se produce la gran diferencia, con más de 130 horas que la media de la OCDE, según este organismo. Una Secundaria con más horas de clase y asignaturas en horario, en general, intensivo. Y aquí sí conecta con una de las principales reflexiones que requiere nuestra escuela: la carga curricular en la ESO.

Es una queja continua de profesorado y otros expertos: demasiadas asignaturas en Secundaria que compartimenta el conocimiento y desconecta los aprendizajes. Y cada asignatura, con su extenso currículo que hay que terminar cada curso. Una de las reformas pendientes es la poda de los currículos.

El problema es quien pone el cascabel a este gato, pues para cada especialista su asignatura es indispensable y los conocimientos imprescindibles, extensos. Todos necesitan más horas para su materia y ninguno la sacrificará por el alumno. Así, en prensa nunca habrán oído que una materia tiene demasiadas horas (quizás Religión, pero por otros motivos más políticos e ideológicos) pero sí habrán visto críticas o protestas cuando han quitado horas a alguna.

Así que nuestros estudiantes pasan más horas en el pupitre que otros jóvenes europeos, con un horario intensivo que les hace entrar pronto y comer tarde. Habrá que estar atentos, en este sentido, a la iniciativa que en Cataluña se ha puesto en marcha este curso de extender el horario partido en los institutos, una idea en dirección contraria a lo común de la escuela actual, más proclive, como con la jornada continua de Primaria, a concentrar el horario.

Tiendo a pensar que nuestra ESO no es de alta calidad a tenor de las comparaciones internacionales que se conocen, pero sí que conlleva alta exigencia por cosas como la mayor carga horaria, mayor número de asignaturas, currículos extensos, horarios intensivos y todavía escasa flexibilidad que consiste en crear más y más desvíos de la carretera común para un popurrí de tipologías diversas de estudiantes. Una exigencia, quizás, de presencia y dedicación que no se traduce en mayores rendimientos y sí en desapego y desinterés.

Este análisis no es nada original. Lo tremendamente difícil está en ponerle soluciones normativas pues ningún gobernante sacará las tijeras para recortar currículos ni asignaturas. Aunque curso tras curso se repitan.