Al dejar de ser presidente

FRANCISCO DASÍ

Presidir una institución de la ciudad de Valencia como el Mercado Central (su asociación de vendedores) es sin duda una experiencia personal inolvidable. Las muchas horas de dedicación se ven sin duda compensadas por la experiencia personal que supone y por el apoyo y cariño que recibes de algunas personas. Te permite conocer y comprender mucho mejor tanto a la sociedad en la que vivimos, como a las personas y sobre todo a sus grupos, en el sentido más psicológico y social. Y esto ademas desde muy diferentes ámbitos

En lo puramente político, puedes tratar directamente con las personas que dirigen Ayuntamientos, concejalías y consellerias, y también a los que aspiran a hacerlo. Ver cómo se desenvuelven y cómo resuelven (o no) los asuntos de gobierno. Comprobar en vivo los diferentes estilos personales y de liderazgo por ejemplo de Rita (todopoderosa, personalista, pragmática), Ribó (tripartito aparte, cordialidad y más atención al proyecto que a la tarea) Grezzi (hiperactividad incansable y fe ciega) o Rafa Climent (discurso sereno y carisma).

Una de las lecciones más sorprendentes es comprobar que, para bien y para mal, cuando se tiene el poder, no se puede hacer lo que se quiera, sobre todo si vas contra el «espíritu socio político de los tiempos», de fuerte orientación globalizadora y capitalista. Y también que las garantías de los procesos que implican gasto público conllevan desarrollar tremendamente la paciencia

Poder conocer por dentro a tantas asociaciones de la ciudad (vecinos, transportistas, comercio, hosteleros, barrios,...) ha sido muy sorprendente. Son todos ellos colectivos movidos por un interés concreto con representantes muy implicados, y sin más remuneración que el compromiso y la satisfacción de lograr mejoras para sus asociados. A pesar de lo que parezca, sus motivaciones están lejos de la política y de sus imperativos. Fernando Móner, Cipriano Cortes, Rafa Torres, María José Broseta, son algunos buenos ejemplos, aunque hay muchos más.

Ojalá los que mandan aprovecharan esa energía, y ese conocimiento de tantos colectivos de la sociedad civil, que estando a pie de calle tienen una mucho mejor sensibilidad y una mejor comprensión de lo que la ciudad y los ciudadanos necesitan. La impresión es que ese conjunto de asociaciones y organizaciones cívicas, que están ahí para mediar entre los individuos y la administración política (y a veces para enfrentarse a ella), son tratados más como estorbo que como aliado.

Una última reflexión tiene que ver con las consecuencias negativas de asumir la representación de una asociación como la del Mercado Central, aunque hay otras muy similares. Está claro que hacer cosas siempre supone exponerse a ser criticado. Nada es más constructivo que la discrepancia, sin duda. Pero desde luego no debería esto incluir la mentira, la falsedad y la información tóxica sobre la persona con la que se discrepa, aunque como algunos veteranos ya me advertían al principio, lamentablemente padecer estos ataques a tu honorabilidad va incluido en el puesto.

Si aprendimos algo del futuro del comercio y de los mercados, de la ciudad que queremos y nos merecemos y de los equilibrios complicados en los centros históricos de nuestras ciudades, desde luego vamos a intentar compartirlo. Si alguna reflexión hemos hecho sobre la sostenibilidad, y sobre la verdadera alimentación sana, tanto física como emocionalmente, también lo compartiremos con todo aquel al que le pueda interesar.