Debilidad de Casado

ANTONIO PAPELL

Como es bien sabido, Casado ha obtenido en las últimas elecciones generales el peor resultado de la historia del Partido Popular. Sus apenas 66 diputados y su práctica desaparición en Cataluña y en el País Vasco dejan al joven líder en una posición comprometida. Puede esgrimir, y con razón, el argumento de que apenas lleva diez meses en el cargo, por lo que su responsabilidad en el desastre tiene que ser forzosamente limitada. Después de todo, su predecesor fue apartado del poder por una moción de censura personificada en él pero que alcanzaba a todo el partido.

Pero Casado tomó decisiones que pueden haber contribuido al naufragio, como, de un lado, el pase abrupto a la reserva de buena parte de quienes se alinearon con su antagonista Sáenz de Santamaría, y, de otro lado, un clarísimo escoramiento a estribor, consecuencia de haber aceptado las influencias de su mentor, José María Aznar, y de FAES. Tal inclinación se hizo todavía más visible cuando Casado aceptó el apoyo de Vox en Andalucía y llegó a ofrecer a la formación de ultraderecha una participación en un hipotético gobierno conservador estatal si las cifras lo hubieran permitido.

Notoriamente, el electorado ha rechazado con contundencia esta propuesta extremada, que incluía la laminación de la autonomía catalana. En resumen, es atendible y razonable la actitud de Casado, que pide un mayor margen de confianza, habida cuenta de que ni Aznar ni Rajoy llegaron al primer intento a la presidencia del Gobierno. Pero la débacle ha sido demasiado grave para que no tenga consecuencias si el PP de Casado no logra reducir el tamaño del destrozo en las elecciones del próximo día 26.

Ese día, no parece lógico que las tendencias difieran mucho de las registradas del 28-A ya que, por pudor, la inmensa mayoría de electores perseverará en su decisión de entonces. No habrá, pues, buenos resultados para el PP, que ya daría sin embargo un paso hacia su recuperación si lograse mantener la segunda plaza en las elecciones europeas.

Pero la verdadera prueba de fuego de Casado estará en Madrid. Su permanencia en el liderazgo tendría posibilidades si el PP conservase la comunidad y se hiciese con el ayuntamiento de Madrid. Si se produce la pérdida de Madrid, la situación de Casado será negra, pero si lograse limitar los daños, el joven líder popular, que ha encontrado la benevolencia de algunos barones territoriales de peso -Alberto Núñez Feijóo-, podría intentar una refundación del partido basada en el rescate de los sorayistas aprovechables, que son bastantes, lo que supondría mitirgar el liberalismo rampante y repudiar de nuevo al 'padre' Aznar. Después del 26-M, esta operación podría desarrollarse sin prisa ya que las futuras elecciones -todas ellas, salvo quizá la catalana- estarán muy lejos y habrá tiempo para intentar a conciencia una resurrección.