Debatir y dialogar

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

El ecuador de la campaña está condicionado por la resolución de la Junta Electoral Central (JEC) que ha impedido celebrar en una televisión privada el debate entre el presidente Sánchez y candidato Abascal. Los partidos nacionalistas como ERC, CC y PNV recurrieron porque ellos tenían más representación que VOX en las anteriores elecciones y tenían mayor legitimidad para participar en los debates. La JEC argumentó que el debate entre el 'David' Abascal y el 'Goliat' Sánchez era contrario al principio de proporcionalidad e instaba a modificar la fórmula del debate.

Ese revés al Goliat Sánchez en la planificación de los debates será beneficioso para el conjunto de la opinión pública porque, en lugar de tener un único debate en una televisión privada, ahora tendremos dos; uno en la privada forzado por la resolución de la JEC, otro en la pública donde el criterio de los trabajadores del ente público se ha impuesto a la dirección. Con ello, el 'David' Abascal no sólo se apunta el tanto de salir chamuscado del debate en tierra hostil sino que ha incendiado las redacciones de los informativos de la televisión pública, donde la aparente balsa de aceite en la gestión de los informativos se ha transformado en jaula de grillos.

Al excluir al 'David' Abascal de los debates, su protagonismo real será mayor, dispondrá de mayores energías para la recta final de la campaña porque estará menos condicionado por los politólogos, comunicólogos, sociólogos y demás expertos que viven de los presupuestos de las campañas y no de las convicciones morales que movilizan a los pueblos. Mientras los cuatro grandes partidos luchan por unas décimas con las que modificar pequeños porcentajes en determinadas provincias (de las que nadie se acuerda durante el resto de la legislatura), el excluido, el marginado y el ausente se transformará en el gran presente del debate. Todos estarán bailando al ritmo de la música que él toca fuera de la sala por una razón muy sencilla, lo han convertido en el novio de la boda.

Esa práctica informativa de cordón sanitario con VOX está generando un proceso de victimización electoralmente productivo. Los ciudadanos son conscientes de que en los debates no se buscará la verdad entre la pluralidad de los electores o la opinión pública. Los verdaderos diálogos políticos se están produciendo en los mercados, en las salas de espera de los ambulatorios u hospitales, en las oficinas de correos, en los patios de vecinos, en las cafeterías, en las comidas familiares o en los encuentros con amigos. No deberíamos confundir el acartonamiento electoral de los debates con un diálogo político necesario, que no tendría que reducirse a espacios, tiempos o agentes gestionados por partidos. Es una pena que ahora en campaña los partidos estén sobrados de tiempo para debatir cuando el resto del año les falta tiempo para dialogar.