Debatir en los debates

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Debatir no suele estar entre las prioridades de los asistentes a los debates televisivos, por lo que si en algún momento se regula sobre este aspecto espero que se incluya una cláusula en la que se obligue a los candidatos a que dialoguen entre ellos, que intercambien impresiones y que se respondan los unos a los otros. De esta manera nos ahorraríamos el bochornoso espectáculo de ver a cada político soltando su discurso sin escuchar al de su lado y sin intención de comparar posturas. Lo comprobamos en el debate a 6 que organizó TVE, en el que cada representante acudió con sus proclamas y le daba igual lo que le interpelasen el resto de convocados. Aquello parecía de todo menos un debate.

El papel del moderador tampoco ayudaba demasiado. ¿En qué asignatura de Periodismo se enseña a cronometrar? Ahí teníamos a Xabier Fortes controlando los marcadores de cada ponente y más importante que lo que estaban diciendo era el tiempo que consumían en cada respuesta. «Le queda un minuto, ¿quiere consumirlo ahora?», espetaba el presentador, en lugar de replicar sobre algunas contestaciones ambiguas o engañosas. Por momentos Fortes parecía Christian Gálvez repartiendo segundos de más a los que se quedaban sin tiempo. Solo que aquí no había rosco que resolver al final. Ojalá. Esa podría ser una buena fórmula para conocer el programa de los candidatos en este tipo de formatos. Con la P, medidas que van a tomar para combatir el paro. Con la S, vías para recortar las listas de espera en Sanidad.

En la tele pública llevan varios días contrariados ante la negativa de Sánchez de acudir a la cita que ellos habían previsto. Ante el cambio de opinión del líder del PSOE los de Atresmedia también se enfadaron ayer y amenazaron con celebrar su propio debate fuese o no el presidente. Es más, me atrevo a decir que en la cadena privada montarían un especial aunque no comparezca ninguno de los candidatos. Harían el 'reality' del debate. Todo sea por los titulares.

Por cierto en esa futurible regulación espero también que no se olvide prohibir el uso de gráficos. Cuando creíamos que eso ya pertenecía al pasado va Cayetana Álvarez de Toledo y saca uno con barritas, en el que el que el PSOE salía muy mal parado y el PP muy bien. ¿La fuente? No se conoce. Nadie se lo preguntó. Lo importante, ya saben, era que hubiese debate. O algo parecido. La representante popular amenazó con dos o tres demandas, como vaya a algún coloquio más de esta tesitura se pasa lo que resta del año en un juzgado. Se metió en jardines inconcebibles -el de cuestionar el consentimiento de las mujeres en una relación sexual- y no disimuló el tono bronco. Arrimadas sí puso de su parte para mantener la calma. Hasta que Rufián la tensó. Y a ella le salió del alma un «chaval» que tiraba por tierra la imagen sosegada que había dado hasta entonces. Cómo sería el debate para que aquello se convirtiese en lo más destacado.