EL DEBATE DE LOS OBJETIVOS

MIQUEL NADAL

Me hace feliz seguir el sorteo de la Champions con mis hijos, pero he de confesar que en cierta manera todavía vivo atrapado en otro tiempo. No represento a nadie, pero creo no equivocarme si digo que para algunos de los que vivimos el descenso del Valencia C.F. a la Segunda División, y además lo vivimos como una herida, la previsión inicial en cada temporada sobre las máximas aspiraciones que debiera plantearse el equipo, la tomamos con prudencia. No sé si es cobardía o cautela, o algo así como el recuerdo que tiene el cuerpo humano respecto de alguna enfermedad vivida con anterioridad, pero para mí, desde el recuerdo de aquellos días, cuando se plantean retos y cumbres de Champions y títulos, y vocación de altura, el principal objetivo a conseguir en cualquier temporada es conseguir que no vuelva a producirse la catástrofe. No añoro aquel título de mejor equipo del mundo, sino tan solo la tranquilidad de que mi equipo no vuelva a pasar por aquel trago. Después ya vienen otras metas. La primera es de naturaleza competitiva: luchar, competir y soñar, y bienvenidos los sueños si se cumplen. La segunda afecta a ciertos valores: ser feliz aunque sea desde el sufrimiento, y que el equipo te asegure de vez en cuando momentos de orgullo, a compartir con los tuyos, hijos y amigos. La mayoría de temporadas se han conseguido todos mis objetivos. El básico de estar entre los grandes, y los otros dos, el competitivo y el del orgullo y la modesta felicidad. Existe un tercero, quizá más íntimo y a largo plazo, que afecta al ámbito mercantil y de la conversión del club en sociedad anónima. Y consiste en conservar la memoria, no repetir los errores del pasado, y que la gente sepa que los pecados cometidos en el proceso accionarial están ahí. El sueño de la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas generó una nueva clase dirigente en el fútbol, que con la zanahoria de la grandeza, asentó monstruos populistas de fichajes, comisiones y pelotazos urbanísticos. Un análisis de las directivas anteriores iluminaría pasajes de servicio a la entidad, y sombras evidentes, pero nunca como desde 1990 se produjo una concentración tan obscena de demagogia, cinismo y retórica agropecuaria, de megáfono de furgoneta vendiendo melones, como la vivida desde entonces. Yo no sé si con la legislación societaria deportiva se han solucionado los problemas que se quisieron resolver, pero es evidente que existen nuevos problemas y zonas de sombra, tensiones y vicios que el actual panorama no ha hecho sino incrementar. La entrevista de Víctor Maceda en El Temps al ex presidente Paco Roig ha sido un ejemplo revelador, un viaje en el tiempo. No dudo que conseguir un nuevo escenario accionarial más equilibrado y nuestro, pero de todos, no sea otro objetivo con el que soñar. Pero no sacando a pasear los monstruos del pasado.