DATOS, NO GRITOS

Es necesario revisar el eslogan de que la pensión es aquello que ya se ha aportado porque es falso

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

No hay que ser excesivamente malvado para comprobar que el gobierno de Pedro Sánchez ha decidido iniciar la batalla electoral. No es el único, todos los partidos han hecho lo mismo. La diferencia reside en que él la libra desde el propio Gobierno. Hay que entenderle, el método es muy eficaz y además resulta muy barato pues se hace con el dinero de todos en lugar de con los siempre reducidos recursos del partido. Siendo un poco malvado podríamos decir que en realidad, sus ocho meses de gobierno han sido una larga campaña destinada a asegurar el poder durante cuatro años más en la próxima legislatura. Quizás por eso incumplió su primera promesa de convocar elecciones. Enseguida se dio cuenta de que disfrutaba del poder y tenía dinero así que solo le faltaba tiempo, para invertirlo de manera electoralmente rentable. El abandono de sus apoyos le ha acortado los plazos y por eso tiene que intensificar las acciones, aunque, para ello, sea necesario pisotear las normas y convertir las excepciones en reglas.

¿Le parece un juicio demasiado severo? Le pongo un ejemplo que diferencia bien la política de gestos y de miras alicortas, útil solo para algunos, de lo que debería de ser una política de largo recorrido, no solo útil sino también necesaria para todos. Una de las medidas estrella de este gobierno ha sido la vuelta a la actualización de las pensiones en base al IPC, una fórmula que no le gustaba -antes, ahora ya no sé si le gusta-, ni a la ministra Nadia Calviño. Con ella, el gobierno se ha asegurado el contento de los nueve millones de pensionistas que forman un caladero de votos impagable. Pero, ¿ha mejorado en algo el problema de la sostenibilidad del sistema, lo ha fortalecido de cara al futuro? No, al contrario, lo ha empeorado. Ya se sabe que, el futuro -es decir, todo lo que sobrepase los cuatro próximos años- es un periodo de tiempo de muy escaso interés para cualquier político.

De momento la situación ha empeorado y no solo porque el incremento de los gastos engorda el déficit, que se sitúa ya cerca de los 20.000 millones de euros. Es que mientras eso sucedía hemos visto cómo la edad de jubilación -un dato crucial para el sistema-, en lugar de posponerse en el tiempo, se ha adelantado. En 2018 hemos batido el récord de jubilaciones anticipadas, al registrar 141.000 jubilaciones con menos de 65 años. Nada menos que un 43% de los jubilados el pasado año no alcanzaban esa edad. En vez de alargar el tiempo laboral, lo recortamos. Total, menos años para cotizar y más años para cobrar la pensión. ¡Genial!

Por otra parte, los pensionistas están que arden. Consideran que lo que cobran ahora es, simplemente, lo que pagaron ayer y por eso no admiten recortes. Pero esa es una verdad que requiere muchos matices y el que quiera conocerlos que los busque en la informaciones que proporciona José Antonio Herce que es la persona que más sabe de esta materia. Le adelanto algunos que le he copiado. En España, la cotización media anual es de 5.858 euros (7.109). En paréntesis les doy el dato del País Vasco. Mientras que la pensión media es de 12.888 euros (15.996). Hay 18,1 millones de cotizantes (922.200) y 9,5 millones de pensiones (548.200). En total, se ingresa por cotizaciones 105.840 millones de euros (6.556) y se gastan en pensiones 123.501 millones (8.777).

Supongo que les he mareado con tanta cifra. Lo siento. Solo dos más. El balance por pensión es de menos 1.843,5 euros y eso quiere decir que de media -lógicamente la situación personal varía mucho en función de historial de cotizaciones de cada uno, de la edad de jubilación, del periodo de cobro... - cada pensión (hay más pensiones que pensionistas pues alguno cobran más de una) recibe ese dinero anualmente sin haberlo aportado previamente. Los jubilados vascos son los más activos en la protesta. Quizás desconozcan que la situación aquí es todavía más desequilibrada que la media, pues cada pensión provoca un déficit de 4.037,6 euros.

¿Quiere esto decir que se cobran pensiones muy altas y que es necesario reducirlas? No, ¡qué va! Solo quiere decir que es necesario revisar el eslogan, ese tan manido y utilizado, de que se cobra lo que se aportó. Entre otras razones, porque es falso. Esto no es ideología, solo son estadísticas. La ideología habrá que emplearla a la hora de aplicar soluciones. Pero para no equivocarnos es obligado partir de datos, no de gritos.