CURIOSOS OBJETOS DE PAPELERÍAS

Mª ÁNGELES ARAZO

Las promociones quedaban más señaladas por el plan de enseñanza que por la edad; y de ello sabían bien los libreros como Matías Real. A su casa acudieron los abuelos de los colegiales; aquellos niños que utilizaban palilleros y pluma y aprendían las tablas de multiplicar cantando, los ríos de España recitados en voz alta -también con sonsonete- y los nombres de los 33 reyes godos, como supremo esfuerzo memorístico.

Tres generaciones con idéntico nombre se habían sucedido en el establecimiento, que databa de 1866, cuando un grupo de maestros, Valls y Cía, decidieron fundar el centro para atender la demanda de material escolar. Según las etapas, según la historia, según el gobierno, los niños habían tenido que aprender los límites de unas fronteras europeas, formaron su conciencia como ordenaba el catecismo al uso y tuvieron la misma caligrafía por repetir mil veces idéntica frase: 'la paciencia es la madre de todas las ciencias'.

En la trastienda de la calle Corretgería fueron quedando los mapas con el imperio Austro-Húngaro, los punteros y los libros del Quijote con el texto fragmentado para facilitar los dictados, ya que tres faltas de ortografía suponían el suspenso al ingreso del bachillerato. También se fueron arrinconando las enciclopedias de Portel y Ribera, Edelives y Dalmau Carles, y con ellas, las escuadras y cartabones de madera, los 'mapas mudos' de España y los estuches de compás y tiralíneas, tan necesarios para el dibujo geométrico.

Hombre muy sensible y consciente de que los años le aproximaban a la jubilación, comenzó a recopilar un tesoro de volúmenes, cuadernos y artículos que antaño se entregaban como obsequio, entre ellos la estampa de Santa Teresita resuelta en negativo con tres puntos blancos en la nariz, para que, mirándolos fijamente, mientras se contaba del 1 al 70, después nuestra visión la reflejara en la pared.

«A los niños de hoy, tal anécdota no les interesa -confesó entre nostálgico y bienhumorado-; claro que aunque parezca extraño, se sigue vendiendo el Calendario Zaragozano, muy solicitado por los ecologistas...»