LA CUMBRE BILBAÍNA

PEDRO TOLEDANO

Se dice, y sobran sólidos argumentos para tal afirmación, que las Corridas Generales de Bilbao son el gran escollo del tercio final de la temporada. El último examen riguroso, sobre todo, para la torería que luce en las tardes del clavel. Esa ha sido y es su fama, aunque últimamente y debido a esa corriente anti que nos invade se está resintiendo, tanto como para que sus tradicionales organizadores, Ayuntamiento y Casa de Misericordia, estén en el trance de cambiar el modelo de gestión buscando parar la fuga de espectadores. Que acierten es lo que se les desea por el bien de la afición vasca, que siempre fue grande y entendida, y también por la salud de la propia fiesta brava.

Pero con estar el foco de lo trascendente puesto en el abono vizcaíno, durante las últimas ferias celebradas en suelo patrio, y también en la vecina Francia, se están viviendo tardes de gran esplendor en plazas de menor peso histórico, pero que por el orgullo de los espadas y también por el gran número de toros encantados y con clase que están saltando a los ruedos, han dejado huella y mensaje de que ya en cualquier plaza pueden verse cosas hermosas.

Comenzaba la serie de actuaciones con sello Emilio de Justo, quien era proclamado triunfador de la feria de la Albahaca oscense; Diego Urdiales, destacando al natural en San Sebastián; Juli, Morante, Perera, o Aguado, en Gijón; otra vez El Juli, en esta ocasión junto a Manzanares y Cayetano, en Ciudad Real. Y todo seguido nuevos triunfos en Málaga protagonizados por Manzanares, Cayetano y David de Miranda. Castella, Juan Leal, Escribano y Galdós, en Beziers; Gines Marín y Luque, en Dax; Ureña y Ferrera, salidas a hombros en Almería, mientras El Cid y De Justo, que resultó cogido, abrían el serial de Bilbao con sólidas actuaciones ante una seria corrida de Victorino Martín.

A partir de esta tarde, que seguirán desfilando casi todas las figuras por El Bocho, palenque emblemático y estratégico del Norte, el compromiso de los espadas y el juego de los toros, debería ser un suma y sigue. ¡Que así sea!