CUARTELES DE INVIERNO

ÁLVARO MOHORTE

Llegó la hora de comprobar la resistencia de los materiales. Si en 2008 la economía española empezó a dar muestras evidentes de agotamiento después del periodo más largo de crecimiento de la historia reciente del país, ahora todo apunta a que llegamos 'Al final de la escapada'. Como en la película de Jean-Luc Godard, nuestra bajada a los infiernos nos dejó maltrechos y sin encontrar inesperadamente los amorosos brazos de Patricia (Jean Seberg), esa joven burguesa americana, que aspira a ser escritora mientras vende el New York Herald Tribune por los Campos Elíseos, sueña con matricularse en la Sorbona y escribir algún día en ese periódico, que precisamente en los años posteriores a la película (1960) pasaría uno de sus momentos más azarosos hasta llegar al cierre de la cabecera en 1967.

Únicamente la alianza para esa edición europea, ya rebautizada como International Herald Tribune, pudo hacerla sobrevivir, al formar la edición conjunta para el viejo continente de The New York Times y The Washington Post. Pero eso ya es otra historia.

Volviendo a los infortunios de Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo), nuestros últimos años parecen haber sido como esa estancia perezosa de un par de días en el apartamento de la chica, entre vino y rosas, que no sirve para esconderse del destino.

Por quien no haya visto la película, evitaré contar el desenlace, pero es bien sabido que los chicos y chicas de la 'Nouvelle Vague' sólo eran aficionados a la fiesta y al cachondeo en lo privado y optaban por lo trágico y sesudo para sus producciones y apariciones públicas.

Precisamente, después de las fiestas nos ha llegado el mal tiempo, con los anuncios de recortes en Ford, el frenazo de la mejora del empleo fuera de los trabajos más temporales del sector servicios, la contención de la construcción y otros signos evidentes de que los recortes del crecimiento económico que los expertos dan para este año tienen ganas de hacerse sentir desde muy pronto.

En la Audiencia Nacional, parece ser de ficción la millonada de euros que rodea a las historias de las operaciones inmobiliarias que se fundieron las arcas del Banco de Valencia y Bancaja, o el desparpajo de Rodrigo Rato a la hora de rendir cuentas sobre lo que quedó de Bankia. Hasta los precios de los pisos de los años de la burbuja parecen irreales, a no ser que se esté pagando la hipoteca, ya que intentar recuperar el dinero invertido en esas cuatro paredes hace una década es un ejercicio de combate contra la realidad del calibre de un par de bofetadas.

En la calle ha vuelto el frío, como cada invierno, aunque este año parece que lo hace con un poco más de mala leche. Será por eso que vuelve a ser hora de recogerse y estar al calor del radiador, mirando por la ventana a la espera de los primeros rayos de una primavera que quizás no sea tan florida esta vez, pero que permita salir de esta recaída que, por poco que dure, no nos coge aún reconstituidos.

 

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