LA MESETA NOS ROBA Y LOS NIÑOS SE REBELAN

España quedó atrás. El país de los catacianos es un territorio imaginario habitado por catalanes sobrevenidos que hasta entonces se hicieron llamar valencianos. Se trata de una república feliz, progresista y ecofeminista, una república que logró escapar de la opresión del centralismo para compartir un destino fraternal con los otros pueblos liberados

LA MESETA NOS ROBA Y LOS NIÑOS SE REBELAN
FRAY FUSET

Se hace saber

De las divagaciones de Ximo I en torno al precario tesoro público, al que sólo le queda por ser embargada la telaraña. Y de la rebelión de Los Niñños de Compromís contra todos los veteranos; o sea, del propagandista Marzà, del Joven Ferri y de Àgueda Manejable Micó contra Purísima Oltra y los demás viejunos (Morera, Baldoví, etcétera; sólo Cuco Ribó se libra de momento de la intransigencia de Los Niñños). Noticias a cual más preocupante para el Molt Honorable. Empezó la semana en Palacio con el peor pie, con la visita del entristecido Vicent Soler. Pobre, se nos ha hecho Soler mayor de golpe, fatigado en cuestión de semanas, venido a menos por los sinsabores de tantos números en rojo y tantas tensiones ceporras con nuestros aliados, incapaces de comprender que la primera fuerza de una patria reside en el valor de su moneda («pero si es que estos no han leído ni a Pla»). Soler fue un héroe de nuestra liberación, años de lucha, a él debemos la frase iniciatica que movilizó a las elites catacianas, «la Meseta nos roba», y todavía se recuerda cuando usaba sus contados descansos en acercarse a los institutos de Silla para enaltecer a los chiquillos de la ESO contra Rajoy, contra Montoro («salid y contadlo fuera a vuestras familias y amigos»), contra la opresión.

Pero las responsabilidades del técnico han opacado a aquel entusiasta agitador y académico que fue Vicent Soler. Eso y el peso de la realidad; cada vez se le pone más cara de José Manuel Vela. Cara de pompas fúnebres, como a muchos insensatos que asumen la cartera de Hacienda. Y los Princeps no gustan de oír cosas de entierros. Ni explicaderas de tiza y pizarra: «Princeps, tienes que tenerlo en cuenta, todavía sufrimos la discriminación y el perjuicio de cuando éramos colonia mesetaria, ¡pero mira América Latina!, doscientos años después de la independencia y todavía padecen el lastre de aquella herencia, es que es una mancha muy grande y eso que ellos tuvieron la ventaja de un océano de por medio mientras aquí nos llenaban las playas de turistas todos los veranos».

Sr. García

Muchas vueltas y circunloquios del secretario Soler para verbalizar lo obvio: que ya no queda dinero, que no hay parné, que toca proceder de inmediato al cierre del grifo financiero, que las consellerias no recibirán más transferencias ni podrán hacer otro gasto nuevo que no sea el pago de la nómina. Un escándalo, o la evidencia de un fracaso mayúsculo. Pero los adversarios políticos, por fortuna, ni se enteran. Látigo Cantó sigue desaparecido desde que soltó su discurso de investidura, cogió su caballo y se marchó a Madrid. Y Alternancia Bonig sí se oculta en el país de los catacianos, pero protegida de las aviesas intenciones de algunos de los suyos; ahora todos los partidos tienen niños, aunque los del PP son niños con espolones y ataques prostáticos capitaneados por Gallardo Agramunt y los emboscados de Betoret, ese Betoret hijo de Rus y sobrino de Blasco. Por tanto, nadie de la oposición ha reparado en que el cierre administrativo se produce justo después de que el déficit público se haya multiplicado por cuatro, después de incrementar el gasto presupuestario un 10% y después de convertir el Palacio en una corte donde ya no caben más directores generales amontonados por los rincones, donde unos hurtan sillas para tener en qué descansar y otros mangan expedientes, para lograr ocuparse en algo.

También se hace saber

Que todo esto el Princeps no lo ve o no quiere verlo, porque ya hubo otro sabio gobernante que distribuía los problemas en dos: A) aquellos que se arreglarán solos con el paso del tiempo y por tanto nada necesita hacerse y B) aquellos que el tiempo no puede arreglar y en consecuencia nada puede hacerse. Estas enseñanzas bien valen para un príncipe en su olimpo, pero no para el secretario de la Moneda. ¿Eso quiere decir que aunque no tengamos recursos seguiremos tirando cada año cincuenta millones en À Punt, o son pocos cincuenta millones? ¿Ponemos À Punt en el montón A o en el montón B? ¿Eso significa que los grupos parlamentarios seguirán sacando sus fondos de Les Corts como bandidos, sin dar cuenta a nadie ni presentar facturas? ¿Qué hago Fuset, tú que permaneces en toda hora al lado de Ximo I como su primer cronista, que quiere el Princeps que yo haga? Uno es un humilde cronista, pero percibe cuando le hacen preguntas desesperadas, así que respondimos al secretario con el tono de oráculo: «el Princeps quiere que lo hagas bien y tú sabes cómo es hacerlo bien; pero recuerda lo que siempre repite, a las ovejas se las puede esquilar, pero no despellejar».

Para Soler todo fue más fácil en el Botànic I, entonces siempre era primavera y se hablaban entre ellos en verso florido y en la lengua cataciana. Ahora en el Botànic II ya no es así; cuando Soler ha soltado eso de que no habrá más dinero a repartir ha recibido respuesta inmediata de Purísima Oltra: «eso habrá que verlo». Por eso Soler explotó sus nervios en la audiencia con el Molt Honorable, quien lo conoce de antiguo y supo apaciguarlo pronto, sacando de él su fondo bueno y fiel. Escucha Vicent -le dijo- son otros tiempos, te va a tocar pelear con nuestros socios, no se lo tengas en cuenta, ellos tienen sus propios conflictos, no sé si sabes que el Joven Ferri quiere el puesto de Baldoví, que el propagandista Marzà ha pretendido sustituir a Purísima Oltra, que Campillo aspira a suceder a Cuco Ribó y que Àgueda Manejable Micó suspira por el sillón de Morera; escucha porque ahora nos va a tocar emplearnos contra Los Niñños de Compromís, que quieren suplantar el orden establecido, yo ya he echado alguna manita y tú también tendrás que hacerlo, porque recuerda también que en este país quien resiste, gana. Y oído esto, Soler se quedó una vez más repuesto y complacido.

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