Los crímenes de los cartagineses

¿A quién enviamos una carta reclamando reparaciones por las barbaridades que cometieron Aníbal y los suyos en Sagunto?

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

En medio de la vorágine de reclamar perdones, por los abusos históricos cometidos entre antepasados muy distantes e ignotos, podríamos reivindicar la memoria de lo que aconteció en una ciudad muy próxima y muy valenciana, Sagunto, que sucumbió en el 218 antes de Cristo, víctima de los desmanes cometidos por los cartagineses, capitaneados por Aníbal Barca, quien ordenó que no quedara varón vivo y esclavizó a mujeres y niños.

Era lo que abundaba en la época, para qué vamos a engañarnos, y a la vuelta de 22 siglos a ver a quién le vas con la retahíla, pero es que ha entrado con tanta fuerza esta moda de exigir por lo que sea, de sacar a relucir agravios antiquísimos, sobre todo por lo que supuestamente quepa achacarle a España, que tendríamos que mirar en el fondo de los arcones.

Si de exhibir afrentas se trata, de sacar a la palestra abusos y crímenes horrendos, vayamos a lo más antiguo que nos contaron, y planteemos también lo que hicieron unos y otros que vinieron por aquí y se explayaron con amplio catálogo de horrores. Y al modo en que se estila, pongamos todo eso en el otro platillo de la absurda balanza, como si aquellos daños nos los hubieran infligido a nosotros mismos, que es lo que vienen a exponer los ilustrados que nos reclaman hoy por lo que ni sabemos.

¿Acaso vinieron por aquí los fenicios con ánimo de darnos algo? Con que a comerciar, nos contaban en clase de historia. Claro, el modo venial de denominar lo que era simplemente robar nuestros tesoros y materias primas, violar y matar a quien se pusiera por delante.

Y como los fenicios, sus sobrinos los cartagineses, que tuvieron su momento álgido de potencia colonial expoliadora en el asedio de Sagunto, cuyos habitantes resistieron confiados en la lealtad de los romanos, sus aliados, de quienes esperaban que llegarían a tiempo de socorrerles, otros que tal, y se olvidaron de acudir o pasaron de largo. ¿No llegaron puntuales porque les falló la logística de comunicación o porque prefirieron que Aníbal se confiara y desgastara, para presentarse después con lo de la refundación triunfal de la ciudad arrasada? Entre todos la mataron y ella sola se murió.

El caso es que aquella masacre de los cartagineses con los saguntinos nos toca muy de cerca. A saber qué habría sido de todo lo que somos y no llegamos a ser de no haber ocurrido aquella sistemática violación de derechos humanos. Y el oro y tantas cosas valiosas que se llevaron de botín. ¡Que era nuestro! ¿Y qué nos queda hoy de aquellos bárbaros cartagineses?; Campo Aníbal, el nombre de una masía y un polígono industrial donde dicen que acampó el caudillo para preparar el asalto a Sagunto. Así que ya va siendo hora de reivindicar una reparación por lo que hicieron, moral y si pudiera ser monetaria.

Lo malo es que a ver dónde reclamas. ¿Quiénes son herederos de los cartagineneses? ¿Les enviamos cartas a Túnez, donde quedan ruinas de Cartago, o probamos por Cartagena?