CREER

EL COMECOCOS JESÚS TRELIS

Hay un hermosísimo óleo de Caravaggio titulado 'La incredulidad de Tomás'. En él, aparece el discípulo conocido como 'El gemelo' metiendo sus dedos en el costado de Jesús. «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto», le dice.

Es cierto que, como Tomás, somos muchos los que no creeríamos en su resurrección si no lo viéramos. De hecho, en la actualidad, donde todos sabemos tanto y de tantas cosas, y donde todos estamos espantados de engaños por todos los costados, aún nos costaría más. Creer, en el sentido más amplio de la palabra, es complicado. La verdad está tan devaluada que es difícil topar con ella. Vivimos en la época de las verdades a medias, de las falsas realidades, de la apariencia.

Creer se nos hace cuesta arriba. Y hay motivos. No me puedo creer que tengamos un dictador dando vueltas por ahí cuarenta años después de su muerte. Como es increíble que en los tiempos que vivimos -sociedad del bienestar- aún tengamos a mayores con pensiones que no les da para comer; que para ir al neurólogo te den cita para dentro de medio año; que Bolsonaro diga que es mentira que el Amazonas se está quemando, o que su alteza Donald dude del cambio climático, mientras vemos y sufrimos ríos desbocados y tifones cabreados. Increíble ver morir los glaciares, crecer los mares, plastificar los océanos...

Difícil de creer el amor que procesamos a nuestra autodestrucción. Como es imposible creer en los políticos. Esos que han sembrado el descrédito en mitad de la gran fiesta de las falsedades, de las mentiras, de las tramas y los enredos. Dudamos, de hecho, si Casado es el que aparece ahora con barba y centrado o el pijo afeitado y de verbo desatado de la campaña anterior; si Iglesias es el que atizaba con la cal desde el escaño o el conciliador de aquellos debates blanqueadores; si Errejón es, en verdad, la izquierda tranquila o sólo un juguete fabricado por la Moncloa; si Pedro es la sombra de una estrategia o un presidente en funiones endiosado. ¿Y Rivera? Sí, no, sí y no...

Dudamos de todos. Incluso de que sean políticos y no títeres de un poder que va más allá de unas siglas. Dudamos de todos y de todo. Hasta de la Justicia. Como la protagonista de Creedme -gran serie-, sólo confiamos con uno mismo. Y a veces ni eso. No me creo ni mis besos.