El crack

Antonio Badillo
ANTONIO BADILLOValencia

El test de embarazo conecta el tiovivo. Ginecólogo, ecografía en 3D y hospital de campanillas, todo sin reparar en gastos. Noches de vigilia, ojeras y arrullos frente al espejo, en pleno baile de san Vito para que el retoño coja el sueño. Los cólicos del lactante, esa prueba de supervivencia. El apiretal como mejor amigo del hombre. El bañito, ojo avizor no sea que la hipermotivada vejiga de la criatura acabe jugándote una mala pasada. La papilla y los pañales, que hacen pensar en domiciliar la nómina en el súper de la esquina. Esa manchita de potito que un puchero inoportuno te cuelga del pecho camino del trabajo. Tu nueva vida en un parque de bolas. El bautizo, y espabila o se juntará con la comunión. La guardería, para que socialice. La cremita protectora, factor cien que se nos quema. El cogote achicharrado de hacer hoyos en la playa mientras sospechas que a este ritmo cualquier día asomas una mano por las antípodas. Los agobios para matricularlo en el colegio deseado. El material escolar. La edad del pavo. Los madrugones de fútbol o gimnasia rítmica. El perrito que él elige y tú paseas. Las notas, y que sean buenas o harás de profesor particular. El 'papá, mis amigos ya tienen semanada' (disimulas). Esa habitación que se queda infantil y te encarama a una escalera brocha en mano. De nuevo el 'papá, mis amigos ya tienen semanada' (apoquinas), paso previo al 'papá, no tengo ropa' que está por llegar. El carné de conducir, a los dieciocho no nos coja un trauma. La universidad. El retorno de las noches en vela, ahora en el sofá y frente a un reloj que no avanza, él o ella de juerga, tú de retén de guardia. El primer trabajo. El amor y el desamor. La reflotada tentación de domiciliar la nómina, ahora en su cuenta corriente. Sí señor, los hijos deberían venir al mundo con 43 años. Y sin efecto retroactivo. Julio, eres un crack. Y lo sabes. ¡Weah!