Conversaciones con Ted Bundy

Lo realmente extraordinario de él fue que supo explicar que la maldad más vil puede ser la culminación de una vida

VICENTE GARRIDO

Se cumplen 30 años de la ejecución del célebre asesino en serie Ted Bundy. Una plataforma de pago lo trae de vuelta mediante varios episodios documentales ('Las cintas de Ted Bundy') de gran interés, donde podemos acercarnos al pozo oscuro de su mente en sus comentarios y respuestas a las preguntas que le hicieron sus entrevistadores. Bundy constituyó, en sí mismo, una metáfora de la modernidad tardía en su vertiente más aciaga, ya que fue, para su época, lo que Jack El destripador a la suya (1888): un icono de un nuevo tipo de asesino que se ajustaba de modo perfecto a las debilidades y miserias de la sociedad que le acogió y sin la que sus delitos no podrían entenderse.

Bundy mató al menos a 36 mujeres en el periodo comprendido entre 1974 y 1978, y lo hizo como nunca antes lo había hecho otro asesino. Con un pregrado en Psicología y algo de Derecho, fue voluntario en un centro de atención de crisis y ayudó en la campaña del gobernador del estado de Washington. Bien parecido e inteligente, lo tenía todo para triunfar, pero decidió seguir su camino como violador, torturador, asesino y necrófilo. Su inteligencia era notable y, aunque al final de su carrera criminal estaba ya psicológicamente deteriorado, formuló una hipótesis para explicar sus actos indescriptibles, algo que luego sería imitado por otros muchos asesinos en todo el mundo: había un 'monstruo dentro de él' que se apoderaba de su personalidad básica, anulando a quien era de verdad: alguien (según sus palabras) «temeroso de Dios y con los principios morales intactos».

Esto lo reconoció al final, en una entrevista dada pocas horas antes de ser ejecutado. Detrás quedaba su legado: se debe a él el icono cultural del asesino que puede ser alguien completamente encantador, tu vecino de al lado con el que siempre puedes contar en momentos de apuro. La sociedad digital nació con su muerte: los primeros toscos ordenadores no pudieron ayudar a trazar su perfil. Bundy cambiaba de aspecto, cometió sus crímenes en seis estados y era capaz de engañar con trucos ocurrentes a sus víctimas para que le acompañaran a un lugar donde él podía rápidamente noquearlas y secuestrarlas.

Bundy fue el preludio de Hannibal Lecter: se ofreció a los agentes del FBI para ayudarles a trazar el perfil de otro asesino en serie que estaba acumulando docenas de víctimas: El asesino del Río Verde. Él enseñó a otros muchos aspirantes a manejar a los medios, y un montón de películas de asesinos psicópatas (La noche de Halloween, Pesadilla en Elm Street...) lo tomaron como modelo en los años 80. Con él llegó también el apogeo del star system reservado para estos desalmados, un negocio que lo tiene instalado en lo más alto del Olimpo. Pero lo realmente extraordinario de él fue que supo explicar, por aquello que decía, que la maldad más vil puede ser la culminación de una vida.