Conservar el cine Metropol: ¿para qué?

A estas alturas parece que ya se ha dicho y oído casi todo sobre la posible desaparición del cine Metropol. Hemos asistido a la presentación de argumentos a favor y en contra, a través de los medios de comunicación, de mesas redondas, tertulias, informes de expertos, de la Universitat...

Un espacio arquitectónico, hoy sin uso, que curiosamente carece de la protección que tienen los edificios próximos, lo que hace preguntarnos en primer lugar el porqué de dicha ausencia de amparo. Para los partidarios de su derribo, el edificio: carece de interés, tiene una pobre naturaleza de su estructura, carece de valor urbanístico... La obra es del arquitecto Goerlich, uno de los más importantes arquitectos valencianos de la contemporaneidad y decisivo en la imagen de la ciudad del siglo XX. El cine fue construido en los años treinta del siglo pasado; forma parte de las nuevas arquitecturas con que se dota la ciudad en un momento de cambio de imagen, de nuevas formas de la modernidad arquitectónica. Y en este sentido para los otros, los más, es un esfuerzo de adaptación de un edificio anterior para un uso de sala cinematográfica en una arriesgada y exitosa propuesta. Es la última muestra que nos queda en la ciudad de esta tipología constructiva, pues han ido desapareciendo todos los cines que eran muestra de una época de esplendor, ante la mirada inoperante de las autoridades y la queja de unas pocas personas y colectivos. Al mismo tiempo, históricamente, el cine Metropol, forma parte de la época republicana, no solo por los años de su construcción, sino porque durante la Guerra Civil fue intervenido por el Gobierno de la República y gestionado por el Comité Ejecutivo de Espectáculos Públicos; con ello el edificio forma parte de la protección que le da la reciente ley de Derecho a la memoria democrática valenciana publicada el año pasado. Además, sin duda, forma parte ya del paisaje urbano en este entorno.

Se ha solicitado la paralización inmediata de su derribo, por parte del Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural, con el aval de expertos, ciudadanos y diversas entidades. No obstante, aún no sabemos exactamente qué va a hacer la Administración en este asunto. Los propietarios, evidentemente, tienen sus derechos. También es cierto que en numerosas ocasiones los planes urbanísticos diseñados por dicha Administración actuaban sobre espacios privados con el argumento del bien común. Una mejor solución sería adaptar la construcción del hotel que se pretende en el espacio del antiguo cine Metropol, con lo cual se conservaría el elemento patrimonial y se dotaría al futuro hotel de un plus arquitectónico, artístico, de memoria que le daría aún más encanto.

Un paseo por la ciudad de Valencia, por su denominado centro histórico (Ciutat Vella) nos muestra que muchos de sus espacios los han convertido más bien en un barrio céntrico, pues los planes urbanísticos han alterado la trama urbana, han derribado edificios históricos, y si conserva alguno lo hace totalmente descontextualizado, se han creado numerosos solares para vergüenza de un urbanismo en ocasiones salvaje y depredador, con la desaparición además, del entramado social, de los vecinos, de nuestra Historia.

Y ese acontecer ha sido una de las constantes en nuestra ciudad: el poco aprecio y con ello el abandono, ruina y desaparición del Patrimonio. Destrucción que en ocasiones parece sistemática. Hemos visto desaparecer los cines, edificios modernistas, talleres artesanos; actuaciones frustrantes como la de Tabacalera, diversos planes de despropósito de la oficina RIVA... y aún más si nos adentramos en la época de la dictadura, o a los principios de siglo y el siglo XIX.

Volviendo atrás, con la vista puesta en nuestra Historia, nos avergonzamos de esas destrucciones. Da la impresión de que los valencianos estamos especializados en destruir, en no respetar nuestro Patrimonio. Es evidente que las ciudades crecen, viven, se transforman, pero también es cierto que una mayor sensibilidad en esas transformaciones respecto a la conservación no estaría de más. En Patrimonio ser conservador es lo más progresista.

Con la desaparición del cine Metropol, pronto asistiremos a una nueva destrucción en nuestro paisaje urbano, en nuestra memoria colectiva, en nuestra arquitectura. En el título de este pequeño artículo preguntaba ¿para qué?, pues además de los argumentos históricos, artísticos, sociales, para no sentir vergüenza ante nosotros y ante las futuras generaciones. Porque se trata de eso, de un poco de dignidad como pueblo para con un poco de esfuerzo conservar lo que somos y hemos sido. ¡Vergonya, valencians, vergonya!

 

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