Dos Consells, el de Puig y el de Oltra

FERRAN BELDA

Se solapan hasta formar un milhojas burocrático inoperante, pero no se mezclan. No hay mestizaje gubernamental que valga sino dos Consells verticales. El de Ximo Puig y el de Mónica Oltra. Dos gobiernos revueltos pero no juntos que serán cinco si, por un lado, las relaciones entre las formaciones que comparten piso en Compromís, Bloc e Iniciativa del Poble Valencià (IPV), continúan enfriándose y Podemos y EU actúan, por otro, como lo que son: vecinos y residentes en Valencia. No lo digo yo. Lo dice la nueva consejera de Agricultura y cara visible, junto a la vicepresidenta, del partido IPV, Mireria Mollà, en una entrevista, y sin venir a cuento, que es lo mejor: Fue la idea de unir lo social con lo medioambiental lo que la animó «a trabajar en el gobierno de Mónica Oltra». Y lo confirma, por si alguna falta hacía, la misma Oltra, al convocar a los consejeros y altos cargos de su cuerda a una reunión que se celebró a espaldas de sus socios de Gobierno. Un conciliábulo que se adelantó al aún no convocado retiro espiritual que Ximo Puig quiere mantener con el nuevo Consell en Montanejos. Y que, para más inri, se celebró a puerta cerrada en las Cortes, el lugar menos indicado para encuentros de estas características, ya que ni todos los asistentes eran parlamentarios ni se hizo público el contenido de lo tratado.

Motivos para que esta inmiscibilidad entre teóricos compañeros de viaje vaya en aumento hay unos cuantos. Compromís es consciente de que la ligera subida experimentada por Joan Ribó en los pasados comicios no puede ocultar el descenso generalizado encajado por la coalición tanto en las autonómicas como en las municipales. De que un refuerzo del bipartidismo podría si no devolver al nacionalismo valenciano a la marginalidad, sí relegarlo a un lugar irrelevante. Y de que van a necesitar marcar muy bien las distancias respecto al PSPV para que no les ocurra lo que a EU y a Podemos. A todo esto, sin poner en peligro la continuidad del matrimonio de conveniencia que les permite gestionar lo inimaginable hace apenas unos años. Aunque para ello tengan que hacer de tripas corazón. Como las tuvieron que hacer Vicent Marzà (Bloc) y Oltra. El primero porque Puig le convenció de que la vicepresidencia sería suya si Compromís no se rebotaba cuando él se cargara a Oltra y luego le dejó en la estacada. Y la segunda, porque al comprobar lo poco que le costó reforzar su posición en Compromís ofreciéndole a Enric Morera (Bloc) la reelección como presidente de las Cortes, Puig le pidió disculpas y se las tuvo que aceptar para no romper la baraja. ¿Es éste el motivo que animó a Marzà a colaborar con la Justicia en la investigación de las presuntas ayudas recibidas indebidamente por Francisco Puig, el hermanísimo? ¿Está en el origen del potreo al que está sometiendo ese viejo camarada de Oltra que es Joan Ribó a Sandra Gómez o han venido así las cosas?