Compromís utiliza el fútbol femenino

Compromís utiliza el fútbol femenino
Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

El humo es la zona de confort de Compromís. Desde siempre, desde esos tiempos en los que Mónica Oltra convirtió el hemiciclo de Les Corts en una pista de circo. La flamante vicepresidenta ha hecho tanto daño en las generaciones posteriores como el 'tiki-taka' de Aragonés en la herencia de España. A la coalición de izquierdas, esa menestra de sensibilidades avenidas por conveniencia, la igualdad se le ha ido de las manos. Ayer, la diputada de Compromís Maria Josep Ortega se lanzó al ruedo como una espontánea cualquiera para predicar sin contrastar y sin las claves necesarias para dotar de verdad a su comunicado de prensa.

Con la única base de un par de informaciones, Ortega exigió al Valencia Club de Fútbol -una entidad privada mientras nadie me diga lo contrario- que empareje las condiciones de la cantera para los niños y las niñas. La petición, a bocajarro, se la compro porque yo también estoy a favor de la igualdad real. El problema es que en cada renglón de la nota se descifra un aprovechamiento electoral. Maliciosa ignorancia

Un servidor, que de Compromís ha visto de mil colores, se puso en contacto primero con el jefe de prensa del grupo parlamentario y después con la atrevida diputada. A la conclusión que llegué tras las dos conversaciones es que el partido que lidera Mónica Oltra -¿por qué es así, no señor Morera?- lo que pide es que el Valencia Club de Fútbol elimine la escuela de pago en la línea femenina y que sólo las futbolistas que tengan las cualidades necesarias para llegar a la élite jueguen en la cantera del club de Mestalla. Ese sí que sería el paso para la igualdad real entre los niños y las niñas. Nadie paga y nadie juega. Sólo los becados y becadas.

El punto de partida de Compromís es erróneo. En un principio, la discriminación es para lo niños. El Valencia, insisto, como entidad privada que es, decidió esta temporada eliminar la línea de pago para los varones, cuyos padres pagaban unos 1.400 euros al año para que sus hijos pudieran lucir el escudo del Valencia en el pecho aunque sus aptitudes futbolísticas apuntaran que nunca llegarían a formar parte de la élite. De esta manera, a partir de la próxima temporada, sólo habrá niños becados en Paterna con aspiraciones reales a jugar en Primera.

En cambio, el club sí que mantuvo la línea de pago femenina, a razón de unos 900 euros por jugadora, para que aquellas chicas que quisieran estar en la escuela del Valencia lo hicieran previo abono de las cuotas correspondientes. Dentro de esa línea femenina, también hay niñas becadas por sus cualidades, al igual que en la masculina.

El nexo común es que hay jugadores y jugadoras becados. La diferencia, que si una niña paga puede jugar y un niño no. En este caso, ¿la discriminación - si alguien no me hacer ver lo contrario- es para el varón no? De hecho, conozco muchos padres que lamentaron el hecho de tener que sacar a sus hijos de Paterna con la voluntad de pagar para que jugaran al fútbol. Hoy se han buscado la vida en otros equipos.

El Valencia es soberano para decidir cuál es su política de cantera, me guste o no. Pero la realidad es que hoy en día es más fácil que una chica juegue en el club que un chico.

Con el jefe de prensa de Compromís, al que conozco desde hace muchos años y me parece un gran profesional -fue parte fundamental en la explosión mediática de Mónica Oltra- la conversación terminó al entrar en un bucle. Con la diputada Ortega, la charla tuvo muchas más aristas, especialmente cuando se quedó desarmada y empezó a nutrir su discurso con argumentos vacíos. Su señoría me propuso equipos mixtos -ya se dan hasta infantil aunque ella no controlaba el dato-, apuntó que a lo mejor un Ayuntamiento podría subvencionar a los niños y niñas que quieran jugar en el Valencia porque es la ilusión de su vida -aquí casi me da un patatús- y llegó a proponer que los menores destinen el aguinaldo para pagarse la cuota del fútbol -lo reconozco, me puse tierno-. En medio de la cháchara llegamos al punto clave. «Pues que el Valencia cree solo una escuela de élite de chicos y una de chicas», espetó su señoría contras las cuerdas. Equilicuá, como decía mi abuelo. El club de Mestalla manda de su negocio y en este punto, la igualdad real sólo es posible en una cantera de niños y niñas becados. De esta manera y si fuera por Compromís, esas niñas que pagan por jugar en el Valencia ya deben buscarse otro equipo.

 

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