COMPROMÍS ANTIPUERTO

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

No es sólo Oltra y Ribó, que también, es todo Compromís quien va a hacer 'casus belli' de la ampliación del Puerto. Es puro cálculo electoral, no hay comparación posible entre el rédito que pueden obtener presentándose como los principales valedores de la protección del litoral valenciano, los ecologistas que plantan cara a las multinacionales del transporte marítimo y al mismísimo capitalismo si se tercia y el escaso rendimiento que obtendrían alineándose con los empresarios valencianos, la Cámara, la Autoridad Portuaria... Es, una vez más (como siempre) cuestión de imagen. El ecologismo es la nueva religión, especialmente entre los jóvenes, y Compromís es un partido, o una coalición de partidos, que se alimenta en gran medida del voto de menor edad. Da igual que la infraestructura principal de la ampliación Norte ya esté terminada, que el proyecto arrancara hace más de una década, que esté en riesgo una inversión de 1.000 millones de euros, que el Puerto de Valencia sea el primero de España en tráfico de contenedores. Todo eso decae ante la evidencia de que es más moderno y progresista oponerse a este proyecto que defenderlo. Desde luego no va a ser Ribó, en su segundo y último mandato, quien lo facilite. Como tampoco Oltra y Mollà en la Generalitat, aunque sólo sea porque el presidente del Puerto es un socialista, Aurelio Martínez, que encima -vade retro, Satanás- tiene buena imagen entre las organizaciones empresariales. Como tampoco importa demasiado que mientras aquí todo son dudas y obstáculos al Puerto, al crecimiento de uno de los principales motores económicos de la ciudad, en la capital de España se ponga en marcha 'Madrid Nuevo Norte', un megaproyecto urbanístico que prevé la construcción de 348 edificios de oficinas y viviendas, con un impacto económico estimado en más de 18.000 millones de euros y con la creación de 241.000 empleos. Ni siquiera que la entonces alcaldesa Manuela Carmena avalara una iniciativa que reformaba lo que históricamente se conocía como Operación Chamartín para dotarla de más equipamientos públicos y mejor accesibilidad pero sin que ello supusiera la negativa a levantar nuevos inmuebles. En Valencia, ni ampliación del Puerto ni PAI del Grao, todo es urbanismo salvaje, todo huele a especulación, a empresarios ávidos de ganar dinero, a destrucción del paisaje y atentado ecológico. En la ciudad soñada por el nacionalismo ruralizante no hay lugar para un macropuerto ni para los camiones que traen y llevan contenedores. El modelo -escrito está- es la fiesta en los barrios, conciertos, entradas de moros y cristianos, batucadas. El crecimiento económico, los grandes proyectos urbanísticos, los eventos internacionales, no están de moda.