Cómics que andan

Todo lo que uno pueda imaginar lo verá reflejado con mejor o peor fortuna, y hasta escenas completas, o casi

PABLO SALAZAR

En verano (antes incluso, en cuanto empieza el calor), al desaparecer chaquetas, chaquetones, parkas, abrigos, guantes y bufandas, mangas, perneras, calcetines y medias, botas y zapatos, surgen como por arte de magia los dibujos con tinta que la gente se hace en su cuerpo para decorarlo y exhibirlo y que hasta entonces permanecían ocultos por la ropa invernal. Yo me distraigo haciendo recuento de formas y estilos, que van desde los clásicos dragones, serpientes, animales mitológicos, perros, gatos, toros, pulpos, tiburones, elefantes, águilas o arañas a las estrellas, el sol, la luna, las figuras geométricas, los números, las letras de cualquier alfabeto, los símbolos, las siglas, las marcas comerciales, los nombres del hombre o la mujer amada o dejada de amar, los de ciudades, las fechas, las frases memorables, los escudos, las banderas, las vírgenes y los santos, la hoz y el martillo, la cruz, los rayos, las nubes, las calaveras, los rostros, personajes históricos, coches, motos, tanques, aviones, barcos, guerreros, boxeadores, futbolistas, puñales, espadas, flechas, pistolas, rifles, ametralladoras, cañones, flores y plantas, matorrales, palmeras y todo tipo de árboles, frutas y verduras, relojes, timones, anclas, arpones... Cabe cualquier cosa. ¿Cualquier cosa? Hombre, cualquier cosa... tampoco. No hay nadie, por ejemplo, que se pinte (que yo sepa) la fachada de la delegación del Ministerio de Hacienda en Soria, si es que en Soria hay delegación de Hacienda que supongo que sí, porque defraudadores y gente que paga religiosamente sus impuestos los hay en todas partes, pero salvo ese tipo de excepciones, puedes ver de todo. De hecho, hay algunos (y algunas) que son cómics andantes, con una escena en un brazo que parece tener continuación en el otro, como si fuera la viñeta de 'El fantasma' que se publica en las páginas de pasatiempos del periódico. Hay veces que me entran ganas de preguntarles cómo acaba la cosa, si es que su cuerpo tiene la historia completa, pero como no quiero que me malinterpreten me aguanto y me quedo con la duda. Últimamente me llama mucho la atención la tendencia de las cenefas, dibujos que no significan nada, simples elementos decorativos como los que rematan las baldosas de los cuartos de baño, aunque algunos me recuerdan más al típico papel pintado de la decoración 'años setenta', que combinaba con la moqueta en el suelo y los vasos y platos de duralex en la mesa. Viene a ser como esos mantelitos de ganchillo que nuestras madres ponían encima de los brazos de los sillones y en la parte de arriba del respaldo para que no se estropeara el tapizado y que combinaban circulitos, cuadrados, rectángulos y triángulos. Es un espectáculo plural esto de los tatuajes, parece el Congreso de los diputados. Me fascinan los que se los hacen en la espalda, donde ellos no los pueden ver, en un sacrificio por los demás. Aunque si es por mi no es preciso que se tomen tanta molestia, la verdad.