¿Te lo vas a comer?

JUAN GÓMEZ-JURADO

La televisión está diseñada para el espectáculo. Cuando un programador y un productor se juntan para crear un producto, lo que quieren es que la gente se siente delante de la tele, que se enganche y que no se aparte de la pantalla. Como nos avisó Marshall McLuhan, el propio medio es el mensaje, siempre. Por eso la música y el montaje de un programa están diseñados para manipular las emociones. Lo sé muy bien, mecanismos parecidos empleo yo en mis novelas.

La televisión es espectáculo, pero eso no quiere decir que sea siempre mentira. Cuando el trabajo está bien hecho y se trabaja desde con honestidad desde la realidad, pueden surgir productos que sean, no solo entretenidos, sino también informativos, útiles y valiosos. Y eso es lo que sucede con 'Te lo vas a comer' (los miércoles en La Sexta, a las 22:30). El programa conducido por el chef Alberto Chicote se ha convertido en líder de audiencia y en un imprescindible en tan solo tres emisiones.

Voy a dejar a un lado el gran logro audiovisual del programa -que es muy adictivo- y los valores de comunicación de Chicote, pues son sobradamente conocidos. De la persona de este último me interesa mucho más otro aspecto que pasa mucho más inadvertido, que es su cerebro rapidísimo, su asertividad y su capacidad de análisis de problemas y de enfrentarse a mangantes, que le convierten en alguien ideal para un formato como este.

Por encima de esas consideraciones, quiero centrarme en el acierto de su creación. Cuando alguien tiene un gran poder (una imagen pública, un micrófono, una televisión) puede optar por lo sencillo -aunque nada lo sea-, lo más accesible, o puede esforzarse y hacer algo con esos minutos de televisión que van a ser vistos por millones de personas.

Escribir libros o artículos sobre las residencias de ancianos, sobre los caterings ilegales o sobre la alimentación en hospitales es difícil, penoso, lleva haciéndose mucho tiempo y obtiene normalmente, y en el mejor de los casos, resultados parciales. Emplear una hora en un medio de comunicación masivo en prime time para, sin dejar de ser entretenidos, poner el foco sobre problemas que sufren enormes colectivos como los ancianos o los enfermos, y hacerlo de una manera entretenida, es una decisión valiente. También un auténtico desafío por el que hay que felicitar al equipo del programa y a quienes tuvieron la insensatez de apostar por algo que pocos se hubieran atrevido a hacer. Y más allá del programa, nos enseña también algo sobre nuestros tiempos modernos. Para hacer el bien de forma eficaz, ya no basta con limitarse a hacerlo. Ahora hay que hacerlo con gracia.

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