Coitus interruptus

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Nunca antes asistimos a un cortejo más torpe y hostil que el que han mantenido PSOE y Unidas Podemos en los últimos meses, que tuvo su momento culmen ayer cuando interpretaron en directo y con público una ruptura sin ni siquiera haber consumado la relación. Cierto es que los tiempos han cambiado y que los métodos de seducción de antaño han variado, sobre todo a raíz de la aparición de un sinfín de aplicaciones que modifican las reglas del juego. Y aunque hoy en día, en muchas ocasiones, no es necesario establecer demasiados preámbulos ni vínculos emocionales para llegar a un placentero término con otra persona, de ahí a boicotearla para llevarla al huerto existe un largo trecho. Eso no hay experto en Tinder que lo entienda.

Se supone que lo que Sánchez e Iglesias pretendían era compartir lecho, bien fuera como pareja estable, como novios liberales o como follamigos. Nunca se colgaron ninguna etiqueta porque ni se rozaron. A lo que han escenificado los líderes de las formaciones roja y morada se le puede llamar de todo menos flirteo, porque desde el mismo instante en que amagaron con aproximar posturas se han intercambiado sin parar reproches, recriminaciones y órdagos, y así es imposible que la química funcione. No han ayudado mucho tampoco los que rodeaban a ambos, que en lugar de colaborar en la causa para que acabara en romance parece que se han esforzado más en evidenciar las diferencias y en tratar de levantar muros. Y todo el mundo sabe que cuando uno intenta ligar se agradece cualquier colaboración. A este nefasto coqueteo le ha hecho un flaco favor también la necesidad de ambas partes por aparecer en los medios de comunicación y acaparar portadas y titulares. Dedicaban más rato a salir cada uno guapo en su foto que a colmar en atenciones al otro. Es como estar de viaje y desvivirse más por retratar los monumentos para subir imágenes a las redes sociales que por admirarlos tal y como se merecen. El amor en los tiempos de Instagram, ya saben.

Diría que ninguno de los dos ha escuchado a Camilo Sesto, porque han dado muestras de estar más dominados por la razón que por el corazón. Si tienen el alma herida no es precisamente por amor. Si están hartos de rodar como una noria poco tiene que ver con las horas invertidas en estrechar lazos. Más bien al contrario.

Lo peor de todo es que los que padecen el 'coitus interruptus' son aquellos que fueron a votar a estos partidos con el fin de que llevasen a cabo sus propuestas programáticas, e incluso los que se decantaron por otras formaciones, ya que sufren un país sumido en el desgobierno demasiado tiempo. Dos no riñen si uno no quiere y en este caso diría que los dos quieren. Y a juzgar por lo visto esta semana en el Congreso de los Diputados no se arrepienten de ello lo más mínimo.