Coalición

Alemania da la gran lección política a España: pese a los problemas internos, los partidos ceden y pactan para gobernar

F. P. PUCHE

El martes (de Carnaval) lo pudimos ver en LAS PROVINCIAS. Una de las carrozas más celebradas en los desfiles de Dusseldorf mostraba a Martin Schulz, el líder socialdemócrata, tragado por una picadora de carne que él mismo manejaba. Pero las comparsas de fiestas alemanas no han sido mucho más piadosas con la canciller Merkel: la pantomima menos dura la presentaba como la Viuda Negra, una venenosa araña que atrapa a sus víctimas y las devora sin piedad. El miércoles (de Ceniza) una mujer había sustituido ya al secretario del SPD para confirmar que la broma de la carne picada iba en serio: su propio partido lo ha crucificado por pactar con la CDU; o mejor aún, porque los matices importan, porque se propuso para futuro ministro de Exteriores, la gran ilusión de su vida, sin comentarlo con los suyos. Mientras tanto, Ángela Merkel, en su propio partido, sufría las más duras críticas; entre otras razones, por haber cedido el ministerio de Finanzas en la negociación.

El pacto para un gobierno de coalición en Alemania ha sido como el Parto de los Montes: largo y muy doloroso. Pero mira tú por dónde, pese al estrépito y las críticas, cristianodemócratas y socialdemócratas, digeridos los disgustos respectivos, darán su lista de ministros en marzo. Caras nuevas, gente joven, alcaldesas y diputados regionales, gente de calidad probada, va a ascender. Para seguir sosteniendo la estabilidad económica, el progreso y el crecimiento en un país clave para Europa. De un país decidido, como su gran vecino, Francia, a impedir que extremismos, populismos y nacionalismos, los grandes peligros de estos tiempos tan frívolos como turbulentos, sigan excavando en los cimientos de la democracia liberal europea.

Es admirable. Estoy seguro de que la crítica menuda, desde los telediarios a las cabalgatas de Carnaval, incidirá en los detalles y escarbará en minucias que, por humanas, no serán gloriosas. Pero desde la distancia, desde la periferia europea, lo que se observa, en los dos partidos alemanes, en la opinión pública y en la publicada, es una sabiduría política excepcional, una calidad en el quehacer capaz de abordar los mayores sacrificios personales desde la seguridad de que el pacto, y un gobierno que se aplica con seriedad a los problemas, es la mejor solución para los intereses generales. De los alemanes, de los dos millones de refugiados que se han metido en casa, y de todos los europeos.

Claro que esto no es nuevo. La curiosidad, que todo lo mejora, me ha llevado a buscar los anteriores gobiernos de coalición de Alemania, antes y después de la caída del Muro, para comprobar con sorpresa que en realidad siempre, desde que se terminó el Plan Marshall en 1949, han gobernado en coalición salvo en un breve periodo entre 1957 y 1961. Adenauer, Brandt, Kolh, Schmidt, Schroeder, Merkel... Todos los grandes de Alemania han sido grandes, primero, en la política del pacto y la coalición. La lección que en España nunca queremos aprender.

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