Clotilde

BORJA RODRÍGUEZ

Nunca tiempos pasados fueron mejores pero sí diferentes. Ahora les cuento el caso de Clotilde, no sin antes echar un vistazo al día a día de cualquier joven de nuestra generación con el ánimo de comparar, aunque sea odioso. A los niños de 10 años de hoy les hemos instalado en su cabeza un sistema operativo de serie que los tiene 'apardalaos'. Y así nos vienen las generaciones que estamos criando los padres super modernos de hoy. Ni mucho menos son así todos los jóvenes ni todos han nacido en el dólar, pero si para la primera comunión el regalo estrella es un móvil última generación, no quiero pensar en los próximos años de qué manera podremos contentar a las criaturas. El bienestar ha evolucionado, afortunadamente. Los estudiantes se van de Erasmus durante un tiempo para estudiar, ja, ja, ja, entre otras cosas, y tener una experiencia de vida única. Viajan en avión low cost como si no hubiera un mañana y disfrutan intensamente de sus etapas vitales, en la mayoría de los casos a coste cero: lo pagan los padres. Es la diferencia entre vivir y sobrevivir.

Clotilde Veniel nació en 1912, es voluntaria de Cáritas y vive en la actualidad después de trabajar en la carnicería de sus padres, acudir a la vendimia de Francia y servir en la casa de una familia de Barcelona. Eran otros tiempos. Se casó con un labrador y siguió trabajando en el campo. Asegura que el mantenerse activa ha contribuido a su longevidad. Sigue en su casa de Bicorp y allí es feliz con su mesa camilla, su teléfono y su televisión. Quitando importancia al pequeño detalle de que tiene 107 años, goza de una excelente salud. Es más, continúa realizando la visita a enfermos a los que no les habla de problemas, ni de cosas tristes, ni de dolores, solo de cosas buenas y alegres. A su edad ayuda en la recogida de ropa usada para personas pobres a los que transmite siempre alegría, les cuenta chistes y trata de darles esperanza. Clotilde es pura vida, emociona, transmite, contagia. Es de esas personas curtidas por la vida y tocada por la mano de Dios.

La esperanza de vida de los jóvenes de hoy indica que superarán fácilmente la edad de 107 años. Me surge la duda de si llegarán con la misma actitud de servicio al prójimo que Clotilde. Una mujer que frente a todos los hechos y situaciones históricas vividas en el siglo pasado ha conseguido sobrevivir y disfrutar, dando ejemplo como pocos. Ni Erasmus, ni móviles, ni internet, ni low cost, ni aviones, ni 'ná'. Salvar la vida era una prioridad. En cambio, esta generación es la de quererlo todo ya, la de no aguantar dos asaltos y si algo no me gusta, lo tiro y lo cambio. Ojalá haya muchas 'Clotildes' dentro de un siglo, fuertes, guapas como ella, generosas y humildes. Escuchar a Clotilde es una lección de vida.