¿EN QUÉ CIUDAD VIVE RIBÓ?

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Mientras el nacionalismo valenciano/catalanista más intolerante y sectario hace campaña contra la candidata del PP a la Alcaldía de Valencia porque, ¡oh, qué gran pecado!, no nació en Valencia y se acaba de empadronar en el cap i casal hace unos meses, cabría preguntarse si a la luz de su más reciente fantasía el alcalde Ribó vive realmente en esta ciudad y la siente como suya. Porque salir a estas alturas, con la de problemas que acumula Valencia, con un proyecto de futuro (a treinta años vista, decía un concejal de su equipo de gobierno) referido al nuevo cauce del Turia sonaría a broma sin gracia si no fuera porque él lo dice totalmente en serio y hasta parece creérselo. No me voy a detener en las dificultades que plantea una propuesta así, que es casi lo de menos, sino en un aspecto fundamental de la cuestión: ¿a quién le interesa? O dicho de otra manera, ¿cuántos valencianos viven de cara al nuevo cauce? Mientras el nacionalista Ribó sueña con un río verde, el viejo cauce -éste sí, un jardín- necesita de obras de mejora y acondicionamiento, cuando no de terminar lo todavía no ejecutado. Y todo ello no parece figurar en la agenda del alcalde. Como tampoco tiene hueco el análisis de cómo funcionan los bulevares de Valencia, desde los tramos más antiguos (Gran Vía Marqués del Turia, Fernando el Católico o Blasco Ibáñez) a los más recientes (Tres Cruces). Los problemas y los asuntos pendientes se le acumulan encima de la mesa, con una Marina que sigue sin arrancar, un centro histórico cada vez más despoblado y progresivamente colonizado por los apartamentos turísticos, la expansión del 'top manta' para desesperación de los comerciantes (que no suya), el botellón que también se extiende, la suciedad que se adueña de las calles, la movilidad que lejos de arreglar ha empeorado o los barrios a los que no llegan inversiones para su mejora, por citar sólo los más potentes, y él se arranca con unos bocetos del nuevo cauce con agua, mucho verde, patitos y un globo al fondo. Pensar y proyectar la ciudad a treinta años vista está muy bien, por supuesto, para eso están los planes estratégicos y los de ordenación urbana, que orientan y delimitan el crecimiento. Pero la realidad es que Valencia tiene hoy día unas carencias y soporta unas dificultades que precisan de actuaciones urgentes, no de ensoñaciones que no conducen a ninguna parte. El tiempo de esas fantasías, de las figuraciones de edificios emblemáticos, de fastuosos parques, de plazas o avenidas completamente renovadas o de intervenciones integrales en barrios hasta dejarlos irreconocibles, ya pasó, pertenece a otra época. Lo que ahora requieren los ciudadanos es soluciones reales, eficaces y a ser posibles inmediatas a los problemas que se encuentran al pisar la calle.