LA CIUDAD MUTANTE

LA CIUDAD  MUTANTE

El recién nacido Mercado San Valero se suma a la oferta gastronómica y cultural del emergente barrio de Ruzafa

RAFA MARÍ

Cádiz-Germanías. Inaugurado a finales de octubre, el Mercado San Valero, recién nacido en la calle Cádiz esquina con Germanías, es una propuesta gastronómica y cultural que se echaba en falta en nuestra ciudad. Un mercado innovador en Valencia. En Madrid la fórmula ha logrado desde hace tiempo una gran aceptación en los mercados San Miguel, San Ildefonso o San Antón.

Diez puestos. Abierto todos los días de 12 de la mañana a 12 de la noche, el joven Mercado San Valero tiene diez puestos culinarios. No solo es un sitio para comer de modo informal, allí se programan conciertos y amenizaciones. Pero la estrella del lugar es la oferta culinaria: 'Vaca' pone a nuestra disposición, con buenos precios, una selección de carne roja de León (magníficos bocadillos de steak tartare); en la barra, vinos y decenas de marcas de cerveza; en el puesto Ostrarium -su sede central está en la calle Chile- la ostra tiene un sitial propio; en Taro encontramos recetas de la cocina callejera de México; en 'La Guinda', dulces y pasteles...

Éxito inmediato. La gente pide aquí y allá lo que le apetece y se lo lleva para ocupar alguna de las numerosas mesas del mercado. Las más buscadas son las que dan a la calle, con amplios ventanales. De no haber un reventón de público, hay sitio para todos. El éxito del Mercado San Valero ha sido inmediato.

Decálogo. Citadas con cierto desorden, estas son mis diez preferencias ciudadanas en el barrio en el que nací y en el que ya no resido: 1, el Mercado de Ruzafa; 2, el Mercado San Valero; 3, las galerías de arte Plastic Murs, Imprevisual y Sporting Club Russafa; 4, los estudios de Paco Sebastián Nicolau, Nanda Botella y Horacio Silva; 5, la Sala teatral Russafa; 6, Dénia, 50 (por motivos sentimentales: allí estuvo durante años la sede de mi club de ajedrez, el Gambito); 7, el restaurante 'De Claire', en la calle Sevilla; 8, la librería de lance Ruzafa, también en la calle Sevilla; 9, el mercadillo de los lunes; 10, el restaurante La Conservera, en Literato Azorín. Es mi 'menú' vital. Existen otras opciones para distintas biografías y sensibilidades. A cada cual lo suyo.

Imaginación y trabajo. El emergente Ruzafa ha mejorado mucho gracias a la imaginación y el trabajo del espíritu empresarial. El entorno de La Nau-Plaza del Patriarca, el también emergente Cabañal y el barrio de Ruzafa son actualmente mis enclaves favoritos de Valencia.

Convent Carmen. Otra novedad, inaugurada asimismo el pasado octubre, es la del Convent Carmen (Plaza Portal Nou, 6, cerca de Na Jordana). Un precioso espacio que ofrece debates, cine, música, diversas actividades (incluso yoga y taichí) y apetitosas propuestas gastronómicas, aunque en este caso con solo cuatro puestos y horarios más reducidos que en el Mercado San Valero.

'Sálvame'. Las ciudades mutan, mientras que algunas emisoras de TV no lo hacen. O lo hacen para empeorar. Todo lo que está mal puede acabar en el desastre. Al zapear y encontrarme de vez en vez con 'Sálvame', suelo dar un vistazo al programa solo durante unos minutos (es la verdad, no intento quedar bien ante mis amistades). El tono inquisidor de los tertulianos y su intromisión en vidas privada ajenas me abruma pronto y paso enseguida a otra emisora. La semana pasada detuve el zapeo algo más. Belén Esteban y la presentadora de 'Sálvame', Carlota Corredera, anunciaban una exclusiva 'de infarto'.

Púlpito. Quise saber de qué se trataba. Dijeron que darían a conocer la noticia «después de la publicidad». Idiota de mí, aguanté. Al reaparecer, Belén y Carlota se entretuvieron un rato con tretas de suspense barato. Por fin, Belén, subida en un púlpito profano, dio la gran primicia: «Ares Teixidó dejó un día a Bustamante para hacérselo con Suso», contó de modo estridente la princesa del pueblo.

Servicios Sociales. No volverán a engañarme. Si lo hacen, será culpa mía. A los responsables de 'Sálvame' (productores, directores, presentadores, guionistas) se les debería multar por atentar contra la integridad moral del país. Se me ocurre una pena útil: cada vez que husmean en camas que no son las suyas, un mes de servicios sociales atendiendo a gente mayor y sola en sus casas.