LA CIUDAD MODELADA EN CORCHO

Las críticas de los artistas falleros marcan una temperatura de la opinión pública más certera que cualquier barómetro municipal

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

No dejan títere con cabeza y hacen muy bien en seguir por ese camino. Un grupo de artistas falleros ofrece mejor la temperatura de la opinión pública de Valencia que cualquier barómetro municipal, como he podido comprobar un año más en la Exposición del Ninot.

Es cierto que el recorrido por los bajos del Museo de las Ciencias tiene mucho relleno, aunque no seré yo el que recrimine esa circunstancia. Los artistas hacen verdaderos equilibrios para no perder la camisa en cada presupuesto y todo debe ser considerado bajo esa premisa.

Pero es inevitable fijarse en las escenas que representan temas de actualidad, problemas de la sociedad y críticas mordaces al Ayuntamiento, que para eso está. Como decía la fallecida alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, ser ninot es un honor. Por eso el político de turno debe aguantar toda la cera con una sonrisa aunque sea congelada. El alcalde Ribó vio algunas muestras de ello cuando acudió el viernes a la inauguración, aunque el que se llevó más fue el concejal de Cultura Festiva, Pere Fuset. De todos los tamaños, colores y formas está representado en la muestra, muy por encima de otros personajes pese a la insistencia de querer derivar el foco hacia Puigdemont, Trump o incluso Grezzi.

Ahí tiene el alcalde un resumen del estado de la opinión pública igual de certero o más que cualquiera de los barómetros municipales que encargue, que por cierto tienen la credibilidad por los suelos salvo en que confirman la conclusión de las quejas y reclamaciones llegadas al Ayuntamiento. La limpieza, más bien su falta, preocupa y mucho.

Lo de la credibilidad no lo digo yo, sino que es la respuesta que me dan en varios despachos municipales. Mucho tienen que cambiar las cosas para que nos creamos que sólo un 4,4% de la población pide mejoras en el transporte público al Ayuntamiento. Dando el dato por bueno, entonces no entiendo que la Guía de la Movilidad presentada días después por el concejal Grezzi incluya en su primera página un raje completo al Gobierno por la falta de subvenciones. ¿Hace falta o no ese dinero? ¿En qué quedamos? Si estos barómetros deben ser útiles, entonces hay que reivindicar primero mejoras en el urbanismo, la limpieza, los jardines y la seguridad.

Por si no ha quedado clara la ironía, una licencia que me he permitido pese a que en este oficio es un recurso prohibido porque crea confusión al lector, aclaro que sí creo que deba mejorar y sustancialmente el transporte público, tanto en la EMT como en Metrovalencia, los taxis y las conexiones metropolitanas, para mí esto último lo más urgente.

Eso es una obviedad y el que tenga dudas que acompañe a los responsables de la EMT en el tour que están haciendo por las juntas de distrito para explicar la remodelación inminente de ocho líneas. Están recibiendo más que el gobierno tripartito en la Exposición del Ninot, tanto por lo que han decidido hacer como por los últimos cambios.

Es el paso previo de lo que ocurrirá por las obras de la plaza de la Reina, de momento para este verano y a la espera de una nueva actualización en el retraso. Este aperitivo no gusta a las asociaciones vecinales, pero cuando les digan del desvío de una docena de líneas en el centro, veremos qué pasa. A mi modo de entender, hay más gente preocupada por el transporte público que ese escaso 4,4% del que habla el barómetro.

La Exposición del Ninot le da cera también a los medios de comunicación, lo que es un acicate para trabajar más y mejor. No se salva nadie y eso es bueno, aunque echo en falta quizás algo más de preocupación por los barrios. A excepción de una escena de la plaza del Ángel sobre la saturación turística que sufren, no he visto otra propuesta tan local, seguramente por error mío.

Sí que me gusta el homenaje que rinde la comisión de la plaza de la Reina y su artista al comercio tradicional, que desgraciadamente sólo nos damos cuenta de que existe cuando desaparece. No tengo claro si se trata del perjuicio por las franquicias destinadas a los turistas o la apertura en domingo, pero es una envidia pasear por otras ciudades y comprobar que hay tiendas en los callejones más inverosímiles de sus centros históricos, mientras en Valencia apenas sobrevive un bar. Algo estamos haciendo mal y dudo que estemos a tiempo de reaccionar para ayudar a la supervivencia de una parte imprescindible del cap i casal.

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