LA CIUDAD ENVEJECIDA

Los mayores de 64 años suponen ya uno de cada cinco vecinos de Valencia, pero sufren las barreras y la falta de servicios

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Supongamos una escalera cualquiera en Valencia. En una de cada cinco puertas vive un vecino mayor de 64 años y de éstos, la cuarta parte solos en toda la casa. Es la realidad de una ciudad envejecida a consecuencia de una pirámide demográfica con la base cada vez más estrecha y que se ensancha en la parte superior.

La ciudad ha recuperado población este año gracias a la llegada de inmigrantes y pese a la contracción de la natalidad el saldo ha sido positivo. Pero eso no pasa de ser un espejismo debido a la enorme movilidad que tienen cada año más de 30.000 personas. La parte negativa que arroja el estudio demográfico del Ayuntamiento es la línea ascendente de los mayores, no por esta parte de la población obviamente, sino por las dudas sobre la adaptación del cap i casal a ella.

No hablo de los consabidos clubes de jubilados, un modelo superado hace años y que no deberían ser más que un complemento de servicios a ofrecer por el Consistorio a los mayores. Me refiero a la ciudad en sí misma, a todo el conjunto de decisiones, desde las más cotidianas hasta las trascendentales. Recuerdo ejemplos que me decía la presidenta de la asociación vecinal de la Amistad, Sol Romeu, una veterana del movimiento vecinal, sobre este asunto.

¿La altura de los bordillos de las aceras tiene en cuenta el envejecimiento de la población? ¿Y el tiempo de paso de los semáforos para los peatones? Puedo asegurar la dificultad que tengo para levantarme en algunos bancos, tan cerca del suelo que son casi inaccesibles. El otro día pensaba en esto cuando debía agarrarme con todas mis fuerzas de la barra del autobús, víctima de frenazos, acelerones y toques de claxon. No quiero ni pensar qué me ocurrirá dentro de unos años.

La cifra es aplastante: El último recuento padronal se ha quedado en 798.538 habitantes, de los que 164.341 son mayores de 64 años. Un poco más que el pasado año y una población de jubilados que duplica a la de 1981. Han pasado 37 años entre las dos fotografías y no tengo claro que la atención de todos, Administración pública y sociedad, haya aumentado en la misma proporción.

En la primera fase del Parque Central, un jardín llamado a convertirse en la referencia de Valencia como modelo de zona verde urbana, hay reservado un espacio para juegos infantiles, incluso un terreno acotado para perros junto al paso elevado de Giorgeta. ¿Tendrá el polideportivo que albergará una gran nave ferroviaria aparatos para mayores? De momento he visto demasiados bancos sin respaldo, bonitos y de diseño, pero incómodos para los mayores. ¿Habrá de los otros? Espero que sí.

Detalles que pasan inadvertidos, pero que preocupan cuando se enfrentan con la estadística. Sirva como ejemplo que en Valencia viven 1.951 personas mayores de 95 años. Hablamos de personas que nacieron el año del golpe de Primo de Rivera, la creación de los estudios Disney o la apertura de la estación del metro de Trocadero y San Agustín en París (toda una lección para la Generalitat y la atascada línea 10 del metro).

Extramuros, Zaidía y Pla del Real concentran la población más envejecida y, en el conjunto de la ciudad, está el dato significativo de que hay 148 mujeres en esta situación por cada cien hombres. Ahora que se están implantando los estudios de género en todos los proyectos públicos ¿Se tiene en cuenta esta circunstancia? ¿Y la soledad? En 2008 había censados en Valencia un total de 36.749 mayores que vivían solos y este año son ya 43.124 habitantes. Mucho se habla de los planes de vivienda pública, de momento ninguno realizado, aunque no he visto en ningún lugar del Consistorio iniciativas de edificios con servicios comunes para facilitar las tareas a estos residentes. Y el reloj no para, cada año la línea se quedará un poco más alta en el gráfico.

La semana pasada hablaba de la velocidad del caracol al referirme a proyectos como la reforma de Pérez Galdós o la plaza del Ayuntamiento, pero si centramos el tiro en todo lo referente a los mayores, el asunto se agrava. El gobierno municipal ha avanzado este mandato en la accesibilidad de los edificios y espacios públicos, aunque el resultado ha sido claramente insuficiente. El concejal de Ciudadanos Narciso Estellés insiste en esta cuestión siempre que puede al tomarla como elemento central de gestión del Consistorio y, en casos como la reforma de paradas de la EMT, aceras o saturación de terrazas de bares que impiden un paseo cómodo, el aprobado no se logra ni de lejos. La ciudad sigue poniendo barreras a sus mayores.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos