Cisnes negros

ROSA RODRÍGUEZ

Occidente creció pensando que los cisnes solo podían ser blancos. Se supuso el dogma de la evidencia empírica. Nadie había visto otros colores en su plumaje. Hasta que en el siglo XVII, en Australia, un grupito de exploradores, contra pronóstico se dio de morros con ellos: «¡Cisnes negros!». Sucedió lo imprevisto. Hace años el economista Nassim Nicholas Taleb describió la teoría de los sucesos inesperados basándose en la analogía de esta historia. Se trata de acontecimientos en los que confluyen tres correlaciones de fuerza: estalla la certeza de lo conocido; se desata un episodio crítico; y se analiza retrospectivamente para concluir que era predecible. Ocurrió con el crack de 1929, la caída del muro de Berlín, la aparición de internet, el 11-S o el Brexit. Y está transcurriendo en Venezuela desde que Juan Guaidó juró como «presidente encargado». Cuando se cumplen 20 años de chavismo, lo improbable explotó en Caracas el 23 de enero. Ese impacto está aún en efervescencia señalando una delgada línea roja: la del potencial riesgo de derramamiento de sangre. El ejército la marcará a todo o nada. «El 90% de la Fuerza Armada no está con el dictador». Ese vídeo del primer mando que lo repudia se ha hecho viral. El líder emergente que integra a la heterogénea oposición suplica a los militares que se crean su amnistía: «Usted, soldado, tendrá en sus manos permitir entrada de ayuda humanitaria». Desafiante Nicolás Maduro responde que el pueblo, que se muere de hambre, «se está armando». Es la última carta, la peor, de quien ha perdido la baraja del petrodólar que le facultaba a seguir en juego: «¡Aquí nadie se rinde!». Ni le asusta ni le ahoga la presión diplomática. Lo que le aprieta es la soga con la que Estados Unidos le corta la liquidez del crudo. Solo le queda aferrarse al repertorio victimista de siempre. Lo de repetir en bucle que los malvados imperialistas van a por su petróleo. ¿Qué querrán China, su mayor acreedor, o Rusia, a quien debe como mínimo un póstumo préstamo de 3.150 millones de dólares y la mitad del pastel de Citgo, filial de Petróleos de Venezuela (PDVSA) que regaló a Putin como aval?

No todos los cisnes negros implosionan igual. Hay gestas poderosas de Campeones como Jesús Vidal: «Señoras y señores de la Academia, ustedes han distinguido como Mejor Actor Revelación a un actor con discapacidad. No saben lo que han hecho. Me vienen a la cabeza tres palabras: inclusión, diversidad, visibilidad, ¡qué emoción!». También hay proezas gloriosas como la del otro día en el que las mujeres llenaron San Mamés en los cuartos de final de la Copa de la Reina. Récord de público en un partido de fútbol femenino en España. ¿Quién lo habría dicho hace décadas? El tsunami de la sororidad es imparable a pesar de cavernícolas que, para publicar que se casa Rafa Nadal, entienden que hay que titular: «El gran braguetazo de Xisca Perelló».

 

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